Hazañas y proyectos de don Manuel M. Calderón

Ricardo Calderón Deras
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Su padre don Manuel Calderón fue un ciudadano estimado y digno quien inició su carrera tipográfica como aprendiz ganando un real diario en 1867 y que trabajó dejando buenos recuerdos por su laboriosidad y honestidad en la ciudad de Trujillo. Durante el gobierno del doctor Marco A. Soto, fue director de la Tipografía Nacional del 18 de agosto al 1 de octubre de 1876 y oficial primero del 16 de octubre del mismo año hasta agosto de 1878.

Don Manuel Mencía Calderón llega a Tegucigalpa el día domingo 27 de abril de 1884 procedente de la ciudad de Comayagua, su ciudad natal. Al día siguiente ingresó a los talleres de la Tipografía Nacional (la que actualmente funciona como Empresa Nacional de Artes Gráficas, (ENAG), en calidad de aprendiz y devengando un salario de tres pesos semanales en la Presidencia del General don Luis Bográn. Después de dos años fue nombrado compaginador del trisemanario, La Nación, que lo dirigía el notable ciudadano doctor A. Fontecha. En vista de la calidad de su trabajo le asignaron el cargo de corrector de pruebas, ya que había demostrado pericia corrigiendo los errores y conceptos que en los originales encontraba y pasaban por sus hábiles manos.

Así de ascenso en ascenso, Calderón fue nombrado poco después director de la Tipografía Nacional del 8 de noviembre de 1900 al 22 de abril de 1905. Al finalizar el período de la administración de don Terencio Sierra, don Manuel emigró a El Salvador donde permaneció durante trece meses regresando a Honduras poco después del golpe de estado del general Bonilla en 1907. Para ese mismo año la Junta de Gobierno lo nombró nuevamente director de la Imprenta Nacional, tomando posesión de su cargo el 20 de marzo de ese año, la cual permaneció en su cargo hasta el 5 de abril de 1911 durante la Presidencia del general Miguel R. Dávila. Con la caída del general Dávila; don Manuel Calderón tomó la decisión de trabajar de forma independiente tomando como resolución de fundar una pequeña imprenta, la cual contactó con el señor Blecker, agente de la Casa Rossner, ubicado en Amapala para hacer un pedido de imprenta con valor de $5,000 a la Casa Bartoll de Nueva York, con la condición de que la imprenta se pagaría, no fiando plazo ni cantidad determinada mensualmente, sino a prorrata, es decir haciendo abonos según las ganancias obtenidas con la misma, en la cual el agente aceptó las condiciones.

Fotografía de don Manuel M. Calderón, fundador de las desparecidas Imprenta Calderón y del Diario El Cronista. (Foto del archivo del arquitecto Ricardo Calderón Deras).

El 2 de octubre de 1911, según fuente del Diario El Nuevo Tiempo la Imprenta Calderón empieza a funcionar instalándola en casa de la señorita Luisa Vásquez. La empresa se multiplica y va creciendo. Con los años se convierte en la empresa editora más pujante y de mayor prestigio, instalada en Tegucigalpa. Junto con la imprenta don Manuel instaló una tienda de fantasías francesas donde la sociedad de aquella época se surtía de toda clase de artículos de lujo.

En 10 de abril de 1912, don Manuel fundó un periódico tamaño cuarto con el título de El Cronista, para propaganda de la imprenta y de un negocio en pequeño. La imprenta sigue creciendo y con ella El Cronista que se convirtió en diario el 15 de julio de 1913, bajo la hábil dirección del vibrante escritor don Paulino Valladares.

Durante el período de las agitaciones políticas, revoluciones y guerras civiles, El Cronista forma parte activa en ellas, se convierte en tribuna del pueblo, es vencido a veces y a veces vencedor. Por aquella época don Manuel M. Calderón fue aprehendido por publicar un artículo de Zúñiga Huete, quien fue expulsado de Honduras, pero las declaraciones hechas por mi bisabuelo de nada sirvieron al gobierno y el periódico continuó su marcha con más brillos y sin ninguna interrupción, la cual circuló durante 31 años y ocho meses.

Este es un homenaje a la vida de mi bisabuelo, he escrito lo esencial pero fueron muchas sus hazañas y un hombre admirable, luchador, un patriota de gran trayectoria editorial. Un animador de esfuerzos y acontecimientos culturales, que dejó un gran legado en la historia tipográfica y periodística del país.