PESE a que ahora no son bienvenidos ni les ofrecen aliento, ropa, comida, albergue y protección como cuando ingresó el año pasado la primera caravana a territorio mexicano, otra procesión de unos 1,200 migrantes, la mayoría hondureños, arribó a México por la frontera con Guatemala. Esto sucede en el peor momento, cuando POTUS advierte que a partir de la próxima semana impone tarifas arancelarias escalonadas a los artículos mexicanos que ingresan a los Estados Unidos, en represalia porque el gobierno no hace suficiente por detener el flujo de indocumentados que cruzan la frontera. La amenaza de Trump a López Obrador ha hecho mella, ya que este ha movilizado unos 200 efectivos de la policía militar y federal y agentes migratorios, para atajar la caminata de los peregrinos. “En meses recientes, México ha lanzado redadas y ha establecido puntos de control vial para desalentar las marchas masivas de migrantes como las que ocurrieron en 2018 y a comienzos de 2019”.
Aquí el tema no ha tenido mucha relevancia, ni mayor cobertura mediática, ya que el auditorio ha estado por más de una semana entretenido con el molote callejero provocado por el conflicto entre los gremios médicos y magisteriales con el gobierno. Pese a que el reclamo originario del conflicto parecía haberse superado, ello es la derogatoria de los controversiales PCM’s relacionados con el sistema educativo y la salud, las clases y las consultas fueron restablecidas a medio vapor. Los empresarios todavía están atareados calculando las pérdidas provocadas por la paralización de las actividades económicas y los disturbios. Una empresa bananera, debido al saqueo a los furgones que exportan la fruta y a la falta de garantías de seguridad comunicó la suspensión de contratos individuales de trabajo que afectan a unos 4 mil empleados. Voceros de la transnacional insinúan que hasta podrían empacar maletas y marcharse, debido a la merma en la rentabilidad y la incertidumbre. Mal presagio para la posibilidad de atraer inversionistas al país. Todo ello va sumando con la desgracia que todo golpe a la producción nacional repercute negativamente en las empresas, los consumidores y los trabajadores. Mala noticia para el batallón de desocupados cuando no hay indicios en el horizonte de creación masiva de fuentes de empleo. Para el bolsillo familiar que sufre cuando se lastima la capacidad operativa de los que pagan los salarios. Para el presupuesto gubernamental y lo que se asigna a las distintas dependencias públicas cuando la economía se ralentiza.
Otra mala noticia para los que cruzaron la frontera es que la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR), que gestiona los centros para menores, ha empezado a retirar los fondos para brindar clases de inglés, los servicios legales y actividades recreativas como el fútbol a los menores indocumentados no acompañados que se encuentran detenidos bajo custodia federal. Justifican que debido a la “tremenda presión” que ejerce en su presupuesto el “drástico aumento” en la llegada de indocumentados a la frontera sur. Otra medida administrativa que seguramente será peleada en las cortes ya que “un acuerdo judicial federal exige que los menores bajo custodia federal tengan acceso a educación y recreación”. “El gobierno estadounidense opera una red de unos 168 centros y programas en 23 estados para albergar a los menores indocumentados, en su mayoría centroamericanos, que cruzan solos la frontera sur y piden asilo en el país”. ¿Habrá conciencia aquí de cómo rebota en el patio doméstico esta pelota de malas noticias?