Por Óscar Lanza Rosales
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La mayoría de los hondureños comprendemos cuando la gente sale a manifestarse en las calles, por todos los abusos que comete a diario nuestra clase política, y que actúa como que si no pasara nada, con la mayor desfachatez y cinismo, en el despilfarro de recursos, decisiones tramposas, hundiéndonos más en la pobreza y el desorden. Pero condenamos de manera enérgica de esas manifestaciones cuando se vuelven violentas, quemando llantas, furgones, asaltando negocios, obstaculizando el tráfico vehicular, y permitiendo gente encapuchada para crear caos, como eso de quemar el portón de la embajada estadounidense. Todo eso es reprochable. Mi pregunta es ¿por qué los médicos y los maestros, no nos dan una clase de civismo, con una manifestación pacífica, de gente madura que protesta frente a los excesos de nuestras autoridades, pero con una alta cultura ciudadana?
Razones para salir a manifestarse sobran, pero hay que hacerlo como gente civilizada. Con el zafarrancho de la semana que se armó en el Congreso Nacional ¡que decepción! Nos retrata como uno de los países más salvajes de la tierra. Hasta el diputado Jari Dixon, brillante para debatir y plantear sus ideas ¡cómo se rebaja tirando cohetillos como niño malcriado en ese Congreso! Sin lugar a dudas el partido de gobierno es abusivo al aprobar decretos a mata caballos, que la mayoría de diputados no conocen, ni han socializado y que no se han tomado el tiempo para justificarlos ante los demás, como ese contrato sin licitación del RNP con Oracle Internacional, para comprar un software; el financiamiento adicional de parte del Estado de Honduras, por 46.2 millones de dólares para la ampliación del aeropuerto Palmerola; una reforma y autorización al fideicomiso a la Inversión Estratégica de Honduras (Invest-H) para la mejora de carreteras; y un contrato con el BID por 69 millones de dólares para mejorar los hospitales públicos.
El Congreso es un parlamento, para discutir ampliamente los proyectos de país y aprobar si es posible, por consenso todos los que sean para beneficio del pueblo hondureño. ¡Nada de aprobarlos a escondidas o en forma autoritaria!
Y el gran relajo entre el gobierno, maestros y médicos, en que estos dos últimos decían que no se sentaban a dialogar mientras no se eliminaran los tales decretos PCM que autorizaban el funcionamiento de unas comisiones interventoras para transformar las secretarías de Educación y Salud, respectivamente. Y el gobierno que aceptaba que se podrían eliminar esos PCM, una vez que se sentaran a dialogar. Y entonces, ¿en qué estamos? Por estas nimiedades, aparentemente hemos estado privando a los hondureños de su vida normal, a los niños de clases y al pueblo de bajos ingresos en su atención en los hospitales públicos.
De aquí viene el título de este artículo, que así como es de atrasado y subdesarrollado el país, aparentemente así son de atrasados y subdesarrollados mentalmente nuestros gobernantes y líderes sociales, como los dirigentes actuales de los colegios magisteriales y de médicos. El pueblo les pide a todos ellos que cedan en sus posiciones, que no lleguemos a posiciones radicales o es que ¿son incapaces de gestionar nuestro bienestar?
A propósito de políticos subdesarrollados, un artículo del señor Dionisio Gutiérrez de Guatemala, dice que la experiencia confirma que cuando la política funciona se resuelven los problemas económicos y sociales; y que el camino de la prosperidad pasa por la política.
Pero agrega, qué lástima que en Guatemala -igual que en Honduras- los gobiernos son incapaces de generar desarrollo y oportunidades; de aliviar la pobreza y de resolver los problemas de violencia y exclusión que afectan a millones de personas, concluyendo que el problema más grave de su país y la causa de su atraso económico y social es su subdesarrollo político, que se manifiesta cuando la política es manejada -en su mayoría- por incapaces, oportunistas y hasta delincuentes. El subdesarrollo político se hace realidad cuando el contrato social se quiebra y los ciudadanos desconfían de sus instituciones -como está sucediendo en Honduras que solo 22% de los ciudadanos confía en el Presidente y solo un 21% en el Congreso, según encuesta reciente de UNAH- de ahí la prioridad de formar partidos políticos representativos, capaces y transparentes -según Gutiérrez- que puedan hacer realidad un modelo de desarrollo eficaz, y con una nueva clase política, ética y austera, capaz e interesada en servir. Coincido con Gutiérrez, que esa es la deuda que tenemos, como ciudadanos, con nuestros países y nuestro compromiso con la historia. Dios: ¡Ayúdanos a sacar a Honduras de estos atolladeros!