Parte I
José Víctor Agüero Aguilar
José Luis es un hombre honesto, responsable, trabajador, de amena conversación y es propositivo en sus emprendimientos personales y profesionales, su hoja de vida impresiona: Una licenciatura y dos maestrías, económicamente lo tiene todo, reside en una exclusiva colonia de la ciudad y ha llegado a ocupar los más altos cargos a nivel gerencial en prestigiosas empresas del campo informático del sector privado, ganándose el respeto y la admiración de muchas personas.
No obstante el éxito de José Luis es relativo, contrasta con un hogar que se cae a pedazos, casado desde hace 25 años ha descuidado lo más preciado, su familia: Una esposa abandonada y tres hijos que han crecido a la deriva. Los pleitos, gritos y ofensas es el común denominador de una familia que está al borde del abismo.
El ejemplo anterior retrata el escenario cotidiano en que viven miles de familias que literalmente se despedazan, tornándose relaciones conflictivas y tensas, el escenario es tan pesado que apenas hay cruces de palabras entre padres e hijos y viceversa. No olvidemos que Dios instituyó la familia como el recurso más valioso donde los padres de familia están llamados a formar y moldear el carácter de sus hijos, cimentando los valores del respeto, la honestidad e integridad en sus vidas.
Figuras decorativas
Resulta perturbador saber cómo se desperdicia el tiempo al interior de muchos hogares. Sin duda, las presiones económicas han orillado para que los cónyuges trabajen, esto tiene un costo, salir muy temprano de casa y llegar tarde al hogar, prácticamente la vivienda se convierte en un hotel donde se llega solo a dormir y lo más lamentable es que los pocos minutos que hay para interactuar entre padres, hijos y cónyuges se pierde con el uso esclavizante del celular, viendo televisión o recurriendo a otros elementos distractores.
La relación entre cónyuges e hijos no existe, conviven bajo un mismo techo, pero hay un distanciamiento alarmante, esa falta de comunicación con el tiempo pasa factura, la confianza que debe prevalecer en una relación de esposos e hijos como no se ha cultivado, los convierten en personas extrañas que apenas se conocen.
Con el paso de los años afloran los resentimientos, la amargura, frustración y en muchos casos hay una ira contenida peligrosa, que se ha venido acumulando por episodios no resueltos que han impactado negativamente en las relaciones y que en la mayoría de los casos los padres no advierten, el haber proferido palabras fuera de tono, groseras y
Ofensivas, han calado en la vida de sus hijos que deriva en un rechazo hacia sus progenitores.
Hay padres de familia que son muy responsables en atender las necesidades primarias de su familia: Pago de servicios básicos, escuela, colegio, universidad, alimentación, vestuario y medicinas, pero hay algo crucial que no están atendiendo, velar por un acompañamiento espiritual, emocional y afectivo de sus seres más cercanos.
Frente a esta realidad han crecido centenares de hijos e hijas que resienten como sus padres fueron incapaces de hacer un uso adecuado del tiempo para atender sus necesidades emocionales y cuando ya han crecido se dan cuenta que malgastaron el tiempo en frivolidades.
Escena común
Hay cónyuges disciplinados, son puntuales y responsables en sus trabajos, son organizados y sacan a tiempo sus compromisos, pero esta virtud no se aplica en el hogar, donde se vuelven individuos indiferentes, groseros y ofensivos con sus hijos y pareja, no hay espacio para compartir ni siquiera 20 minutos para saber cómo les fue en la escuela, colegio, trabajo, o conocer de sus necesidades, aspiraciones y sueños, al final esta realidad les pasa factura.
Continuará…