¿LOS PRÓXIMOS?

YA días insistimos sobre la necesidad de generar empleo. Cada día, en la medida que Washington blinda su frontera, aprieta la rosca sobre la inmigración, se cierra la válvula de escape que han tenido los desocupados, emigrando a los Estados Unidos para conseguir los trabajos que no encuentran localmente. Aquí nadie parece percatarse. Ahora que se calentaron las calles a raíz de un conflicto entre el gobierno y los gremios médicos y magisteriales –sumado que en el molote unos a la bulla y otros a la cabuya– el bullicio se extendió por más de una semana con las irrecuperables pérdidas económicas dejadas por la semiparalización de las actividades de trabajo. ¿Creen que esas pérdidas, que nadie repone, no tengan efecto alguno en la generación de fuentes de trabajo? ¿Que pagar salarios a los empleados públicos no requiera de la buena salud del aparato productivo? ¿Calcularán que cuando llueven sospechas sobre desconfianza que ello no repercute en el estado general de la nación?

Si lo que relatamos a continuación está sucediendo ahora ¿quiénes creen que serán los próximos? La amenaza de POTUS de imponer aranceles, en forma progresiva, a los artículos provenientes de México, dizque el gobierno mexicano no está haciendo lo suficiente para impedir que indocumentados ingresen a los Estados Unidos, sigue en pie. En su última alocución Trump da un ultimátum. Avisa “que ‘lo más probable’ es que el próximo lunes entren en vigor los aranceles comerciales” destinados a castigar a México por sus políticas migratorias. Insiste en Twitter que, “México debería dar un paso al frente para detener esta invasión a nuestro país”. AMLO –quien tiene alergia a los viajes– ha dicho que de ser necesario “buscaría reunirse con Trump, para negociar los aranceles” que amenaza imponer como represalia por no detener la inmigración ilegal. Apresurado despachó a su canciller a Washington a reunirse con autoridades norteamericanas. Pretenden preparar un encuentro entre los ministros del exterior de ambos países. Son gestiones contrarreloj, donde deben aligerarse a llegar a acuerdos y sobre todo, en las pláticas que sostengan, hablar lo más rápido que puedan, porque el tiempo juega en su contra. En pocas horas entraría en vigencia el primer sopapo del 5%, que se duplica en semanas si el gobierno mexicano no complace las exigencias de POTUS. Sigue escalonando hasta que los aranceles provoquen un total cese del intercambio comercial. Si hay algo que repite el tabasqueño a cada rato es que “no quiere una confrontación” ya que los aranceles “perjudicarían a ambas economías”.

Dudoso que POTUS lo vea de esa manera. Nada lo detuvo con iniciar una guerra de aranceles con los chinos. Por más quejas que escuchara, incluso de agricultores norteamericanos y de una diversidad de empresas golpeadas porque ahora no pueden exportar sus artículos a China. Los chinos tampoco se han quedado de brazos cruzados con sus propias listas de artículos que gravan procedentes de los Estados Unidos. POTUS calcula que lo que China deja de introducir al mercado norteamericano está haciendo sufrir a los chinos. Insiste que esas empresas ubicadas en el continente asiático bien pueden ir a abrir sus instalaciones en territorio estadounidense para aprovechar su mercado. Igual deduce que sucederá al imponer aranceles a los artículos mexicanos. Que las empresas instaladas en el vecino país se trasladarán entonces a los Estados Unidos. Por supuesto que esa lógica no toma en cuenta el precio adicional que tendrían que pagar los consumidores por artículos más baratos que obtienen del exterior, ni los beneficios a los mercados producto del libre comercio internacional. ¿No mueren soldados en guerra avisada?