Por José María Leiva Leiva
Varios legisladores han tomado su participación en el Congreso Nacional como una changoneta. Basta observar los reiterativos actos bochornosos reñidos con las más elementales normas de la educación, la cultura, la disciplina, el respeto, la tolerancia y el comportamiento cívico que últimamente han exhibido estos mal llamados “padres de la patria”, que deberían ser un ejemplo de sapiencia y decoro para la niñez y la adolescencia. Al contrario, se trata de un proceso circense de poca monta en el ahora ring de boxeo del otrora hemiciclo legislativo donde se reparten ostias y ofensas a granel.
Primero fue acompañado de ruidosos pitos, vuvucelas y ahora petardos. Se agredieron verbalmente, se arrojaron agua, destruyeron la campana, los micrófonos de los curules, el atrio, quemaron más tarde ese tan pisoteado librito llamado “Constitución”, que por cierto, unos y otros desde hace muchísimo tiempo se lo pasan por el arco del triunfo. Enseguida pasaron a los fajazos, a los golpes, empujones, patadas, manotadas y arañazos. Y al paso que vamos, no está tarde el día en que uno de esos “ilustres” se baje los calzones enseñando sus vergüenzas o incluso, saque la tola y haga una tirazón de leyenda como esas del antiguo oeste que narran las películas del western.
Nada extraño, para alguien que ande armado, tenga nublada la razón, abrigue odio en su corazón y sea miope de naturaleza o de vocación. Ya sucedió años atrás cuando un desdichado ruletero pagó con su vida la osadía de enfrentarse con uno de estos iracundos y sobrados personajes. Definitivamente, vamos de mal en peor. La teoría del raciocinio ha dado pasos gigantescos hacia la fuerza de la irracionalidad, una terrible regresión del homo sapiens al hombre visceral y cavernario.
Evidentemente también ustedes forman parte de una sociedad donde priva una megatendencia de antivalores. Longino Becerra, en su obra “Ética para jóvenes”, señala que la sociedad post moderna está siendo sacudida por acontecimientos extraordinarios de todo tipo, los que en su conjunto traen consigo sustanciales cambios en las costumbres, los hábitos y la conducta, tanto de las personas, como de los grupos. De aquí, que bajo estas circunstancias surjan nuevas formas de aplicación de los valores humanos, lo que contribuye a la crisis ética o de valores que padece hoy en día media humanidad.
Agrega el autor, que estas formas nuevas de aplicación de dan de modo natural, por lo que fácilmente se adoptan en la sociedad. Alvin Toffer, citado por Longino Becerra, afirma que la sociedad del presente sufre una especie de “vértigo de valores”, al encontrarse “torturada por la incertidumbre en cuestiones de dinero, propiedad, ley y orden, raza, religión y Dios, familia y personalidad. Esta sociedad desafía los viejos mecanismos integradores y exige una base completamente nueva para su construcción”.
Miguel Ángel Cornejo y Rosado en su libro “Todos los secretos de la excelencia”, nos dice que la razón a resistirnos tanto a mejorar, es porque estamos instalados en la burguesía de la mediocridad. Nos negamos –afirma– la oportunidad de probar nuevos caminos y reprimimos el derecho que tenemos a ser mejores…
vivimos la era del “no esfuerzo”. Es la era del amor ligero: de romances que se inician y terminan en unas cuantas horas, del sexo rápido y sin compromiso, del robar porque lo necesito, del matar porque me estorbas, de una moral ligera en donde cada quien diseña su propio código de conducta.
Y por supuesto, no menos cierto resulta este diagnóstico que desnuda nuestra forma de vida cotidiana: “Hoy tenemos edificios más altos y autopistas más anchas, pero temperamentos más cortos y puntos de vista más estrechos. Gastamos más, pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes pero familias más pequeñas. Tenemos más compromisos, pero menos tiempo. Tenemos más conocimientos pero menos criterio. Tenemos más medicinas pero menos salud”.
“Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero hemos reducido nuestros valores. Hablamos mucho, amamos poco y odiamos demasiado. Hemos llegado a la luna y regresamos, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer a nuestro vecino. Hemos conquistado el espacio exterior pero no el interior. Tenemos mayores ingresos, pero menos moral. Estos son tiempos con más libertad, pero menos alegría. Con más comida pero menos nutrición. Son días que llegan con dos sueldos a casa, pero aumentan los divorcios. Son tiempos de casas más lindas, pero más hogares rotos”.
Concluyo con la pregunta formulada al gran matemático persa Al-Juarismi sobre el valor del ser humano y este respondió: “Si tiene ética entonces su valor es igual a 1. Si además es inteligente, agréguele un cero y su valor será igual a 10. Si también es rico, súmele otro cero y su valor será igual a 100. Si por sobre todo eso es además una persona de bello aspecto, agréguele otro cero y su valor será igual a 1000. Pero si pierde el 1, que corresponde a la ética, perderá todo su valor, pues solamente le quedarán los ceros. Así de sencillo: Sin valores éticos ni principios sólidos lo único que queda son delincuentes, corruptos y personas que no valen nada”.
¡Menudo reto!