Por Álvaro Sarmiento
Especialista Internacional
en Comercio y Aduanas
La semana pasada, en medio de la salva de artillería entre los Estados Unidos y la China en la guerra comercial que oficialmente no existe, México se “desayunó” muy temprano la noticia del presidente de los EUA, pretende imponer aranceles (impuestos de importación) a productos mexicanos, por un valor del 5% a partir del 10 de junio, tasa que podría llegar a un 25% en octubre.
Las relaciones comerciales de los tres países del norte, ha sido compleja, primero con la renegociación del NAFTA, lo que decantó en el T-MEC instrumento jurídico que fundamentará las relaciones comerciales entre Canadá, los EUA y México los próximos años, (todavía sin ratificar en el Congreso norteamericano, en manos de la oposición), después con la imposición de aranceles compensatorios al acero.
El fundamento de la imposición de estos aranceles a México, es según el gobierno de los EUA la ineficacia de ese gobierno para detener los enormes flujos de inmigrantes centroamericanos, que en el mes de abril significaron 99,000 aprensiones en frontera.
Según el diario el Excélsior en el sector agropecuario mexicano se calculan pérdidas de casi 4 millones de dólares diarios, lo que impactará en ambos países, ya que seguramente el aguacate consumido en Boston o Chicago incrementará su precio.
No sabemos el resultado de las negociaciones bilaterales de esta semana en Washington, pero lo anterior, implica que sentiremos pasos de “animal grande”, en nuestras relaciones comerciales y diplomáticas (Honduras, El Salvador y Guatemala) con los EUA.
Si la política comercial del castigo funciona, al menos marginalmente con México, es bastante probable que desde la Casa Blanca se apunte a recetar la misma “medicina” a nuestros tres países del Triángulo Norte.
Algunos expertos aseguran que el CAFTA no se renegociaría porque la relación comercial es deficitaria para Centroamérica (mayores importaciones que exportaciones), pero es improbable que no se repita este nuevo instrumento de política exterior, castigo con aranceles.
Considerado el potencial efecto real en la economía hondureña, seguramente desde ya la Cancillería, la Secretaría de Desarrollo Económico (responsable de las negociaciones comerciales), el COHEP y la misma Casa Presidencial, deben estar estructurando una estrategia muy bien definida para evitar en la medida de las posibilidades la utilización de esta herramienta y determinar qué medidas reales y creíbles pueden ser utilizadas para poner sobre la mesa como “cartas” de negociación.
Crear las condiciones mínimas para desmotivar el proceso migratorio es fundamental, ya que el fondo del asunto está clarísimo, la expectativa del migrante es que cualquier costo vale la pena, (incluso la propia vida), mientras estas condiciones no cambien sustancialmente, el problema persistirá.
La coordinación con los gobiernos del Triángulo Norte y con el propio México es fundamental, los proyectos de desarrollo regionales apoyados por instituciones como el BID, BCIE y el Banco Mundial son herramientas que deben y pueden ser muy bien aprovechados para este fin.