Jugando con descarte

Descarte, en el juego de naipes, consiste en el acuerdo para deshacerse de las cartas que no deben entrar en la partida.

En la persecución de los delitos de corrupción, se escucha que entre la MACCIH, la UFECIC y el Ministerio Público como que tuvieran un juego con “descarte”.

Solo que entre ellos no son cartas las que se desechan, sino que, según se oye, su descarte es de casos de corrupción: ustedes descartan este caso y nosotros, a cambio, les ofrecemos descartar este otro. En este tipo de juego los que ganan vuelven perdedor al país.

Según mi opinión, la persecución de la corrupción en un país, en especial un país pobre como el nuestro, el castigo a la corrupción no debe ser cuestión financiera, ni de ideología, ni de influencia; debe ser indiscriminada e implacable, ya sea  que se anide en la mano zurda o en la mano opuesta.

Con la ley actual, para llevar las pruebas condenatorias al juzgado, no se necesitan camionadas de documentos. Con solo que investiguen el incremento desproporcionado del patrimonio de los exfuncionarios, tienen para condenarlos y despojarlos de lo mal habido.

Por todos es conocido que hay muchísimos personajes que en su momento ingresaron al gobierno con los  calzones rotos, y hoy, después de engolosinarse con las mieles del poder habido, son grandes potentados.

Y, a propósito, exfuncionarios de los gobiernos de Mel y de Micheletti, que hoy vemos tan tranquilos, ¿estarán en el juego del descarte?

Carlos E. Ayes
Tegucigalpa, M.D.C.