Hay que detener la confrontación

Por Juan Ramón Martínez

No solo por razones legales, más por exigencias prácticas, debemos detener el relajo. La calle convulsionada no resuelve nada. No lo resolvió en el 2009. Zelaya, aunque como ningún otro, con el respaldo del exterior y los dineros de Chávez, no pudo regresar al poder. En 2017, tampoco dio resultados, pese al apoyo masivo de la población indignada que salió a la calle, exigiendo unos resultados electorales que, nunca se confirmaron. Ahora tampoco, porque el poder del país no radica en la violencia de unos pocos -consentida por algunas autoridades atemorizadas por defensores de los derechos humanos y apoyada con indiferente silencio y alegría solapada por los incómodos con el gobierno porque no están “enchambados”, “no han hecho negocios con la taza de seguridad”, o porque se sienten desplazados por una generación más joven, cuya inexperiencia en el manejo del poder clama al cielo- sino que el apoyo de las Fuerzas Armadas y la simpatía de los Estados Unidos. Igual que en Cuba, Nicaragua, Venezuela, Guatemala y El Salvador, mientras los uniformados respalden la legitimidad cuestionada siempre por la oposición pero formalmente real, los gobiernos cuestionados seguirán en el poder.

Porque hay que entender las cosas. Sin derivaciones nostálgicas o explicaciones referidas al principio de las mismas. Aunque lo que provoca el conflicto actual es el mal manejo por ambas partes, del tema de los gremios médicos y magisteriales, se usa en realidad para destruir la institucionalidad. Lo que quieren es sacar a JOH del Ejecutivo, en donde lo llevaron las circunstancias, -no tan solo los apetitos simples suyos como cree Luis Cosenza, que desaprovecha su talento, para dejar que hablen sus amarguras estomacales-, sino que la necesidad que, más de la mitad de la sociedad quería: detener a Manuel Zelaya y su monigote perfumado, Salvador Nasralla, incompetentes, amenazantes y provocadores. Ya la empezaremos a comprobar en El Salvador, en donde no pudieron impedir a tiempo, que Bukele llegara a la Presidencia de la República.

De forma que es una simpleza decir que el conflicto de la calle es fruto de la reelección. Igual cosa hubiera ocurrido -incluso con efectos más destructivos que los que nos escandalizan ahora- con cualquiera otro candidato ganador, bien hubiese sido del Partido Nacional o de Libre. Porque la verdadera causa del conflicto, que ingenuamente se ha reducido al grito “¡fuera JOH!”, son los defectos estructurales de una sociedad que, ha sido incapaz de asumir el liberalismo como doctrina, la democracia como práctica de la libertad y el capitalismo como fórmula, -la mejor que ha producido la humanidad en el curso de su historia-, como medio para generar riqueza y crear bienestar. Es aquí, si uno quiere divagar sobre las causas primeras de la problemática nacional, donde se encuentra la incapacidad para dialogar y resolver un problema que, no es fruto sino de los desajustes de un gobierno -no del de ahora nada más, porque ello es otra simpleza- sino de todos los gobiernos que han usado los cargos públicos, no para que sirvan el bien común, sino para darle beneficios particulares a sus clientelas electorales.

Por ello, al tiempo que abogamos por un arreglo con los médicos y los maestros, que no piden el cielo ni las estrellas; debemos impedir que los que no ganaron las elecciones el 2016, destruyan la frágil institucionalidad vigente. Por lo que, en vez de buscar fórmulas ilegales para alterar el orden institucional, debemos perfeccionar al Congreso Nacional, convertido en una fosa de malcriados que no se respetan entre si; ni muchos menos a sus electores; mejorar el sistema judicial y frenar el crecimiento irracional de una burocracia inútil, especializada en impedir la inversión y atrasar el desarrollo.

Como lo he dicho, desconfío de las explicaciones simplistas como la de Cosenza y del infantilismo de Suyapa Figueroa. Hay que resolver el problema de profesores y médicos, contando con los mejores. JOH, tiene que entender que ser joven o conocido suyo, no es suficiente para lograr resultados. Más bien debe él, y todos, entender que es el tiempo de los mejores, para que nos ayuden a hacer las reformas estructurales antes de las elecciones del 2021. Y manejar vía el diálogo, las fallas de una embarcación dañada frente a un horizonte tormentoso. Hasta llegar a puerto seguro.