Por Boris Zelaya Rubí
En palabras de un famoso politólogo hay 5 pasos para derrocar un gobierno:
Primero: Llevar a cabo acciones para generar y promocionar un clima de malestar. Entre dichas acciones destacan la realización de denuncias de corrupción y la promoción de intrigas.
Segundo: Proceder a desarrollar intensas campañas en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos acompañados de acusaciones de totalitarismo contra el gobierno en el poder.
Tercero: Esta fase se concentraría en la lucha por reivindicaciones políticas, sociales y en la promoción de manifestaciones y protestas violentas, amenazando las instituciones.
Cuarto: En este punto se llevarían a cabo operaciones de guerra psicológicas y desestabilización del gobierno creando un clima de “ingobernabilidad”.
Quinto: Forzar la renuncia del presidente mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle. Paralelamente se va preparando el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.
Cualquier similitud con los acontecimientos actuales en nuestra nación no es pura coincidencia.
Después de la vergonzosa conducta de algunos dizque “padres de la patria” en el hemiciclo del Congreso Nacional de la República, no cabe ni la menor duda que algunos de ellos se quedaron muchos siglos atrás, como para llamarlos homo sapiens y casi se conservan estáticos en la evolución de las especies; era de sus congéneres de Cromañón y Neandertal.
¿Quiénes son los verdaderos culpables? Todos los ciudadanos que sin conocer quiénes son los que aspiran a una diputación, votan pensando únicamente en el triunfo del partido político de su preferencia, o por su discurso adoctrinado y repetitivo de que son los representantes genuinos del pueblo para sacarlos de su pobreza, ofreciendo unas acciones casi hipnotizadoras que hacen que el que los escucha sueñe que al elegirlos estarán próximos a una vida maravillosa.
Felicitamos al señor diputado David Chávez por haberse disculpado de su conducta al defender a la diputada agredida Waleska Zelaya, hija del que fuera nuestro gran amigo Rodolfo Zelaya (Q.D.D.G). Demostró que la tolerancia tiene un límite. “La ira no solo es inevitable; es necesaria. Su falta denota indiferencia, el más pernicioso de todos los defectos humanos”. Los energúmenos creen que con esas acciones propias de cavernícolas, lograrán la simpatía y continuar obteniendo votos para mantenerse en posiciones a las que jamás soñaron llegar.
Refiriéndonos siempre a los acontecimientos violentos, en un medio informativo mostraron que se estaba repartiendo dinero a los vándalos, tira piedras y quema llantas ¿quién los financia? ¿Quién les da las pautas para actuar y con qué fin? Para nosotros no cabe duda que son los mismos “ñangaritas” frustrados que adquieren protagonismo sin importarles que hayan muertos, para ellos la revolución necesita sacrificios, nosotros les pedimos que mejor se autoinmolen con gasolina frente a sus cuevas… perdón las sedes de adoctrinamiento y que pasen a la historia como un ejemplo, aunque sea una gran estupidez para muchos buenos hondureños.
Los que han ocasionado las derrotas de partidos que han pasado de ser esperanzas de muchos a partidillos de maletín, están gritando a través de sus máximas autoridades que el pueblo se una contra el gobierno democrático, aunque los izquierdistas hayan fraccionado sus partidos de origen y llevados a convertirse a una fuerza insignificante.
También los colegios profesionales deben sancionar a sus directivos que aprovechan esas posiciones para fines políticos y no en bien de sus agremiados, ya que cuentan con miembros de diferentes institutos políticos. No deben servir de escalera para que cualquier patanga o patango los utilicen.
Las fuerzas del orden público que arriesgan su vida en el cumplimiento del deber, estamos seguros que ya tendrán identificados quién adoctrina y financia a los vándalos, quiénes dirigen la operación y con qué fines.
Deberían enviarlos a Nicaragua, Venezuela y Cuba que para ellos son paraísos tropicales.
Como dice el refrán popular: “Unos a la bulla y otros a la cabuya” que bien podemos aplicar a los ladrones que asaltaron los negocios de comidas rápidas y que son fuente de empleo para varios compatriotas, porque si ese es parte de su estrategia cada vez serán menos los seguidores que puedan lograr y al contrario algunos regresarán a su partido de origen de donde jamás hubieran salido.
De rodillas solo para orar a Dios.