Tomás Monge
Consultor educativo y catedrático UPNFM
Según estudios científicos recientes, un adulto promedio toca su teléfono celular entre 2,600 y 5,000 veces al día, lo cual resulta en un promedio de entre 3 y 6 horas diarias dedicadas a la pantalla de su móvil. En el caso de nosotros los hondureños, de todo ese tiempo curiosamente invertido a tan improductiva actividad, por lo menos el 80% lo dedicamos casi exclusivamente a leer, comentar y compartir duras críticas, rumores e insultos a los políticos, aparte de muchas quejas, lamentos e indignación debido a la deplorable situación en la que evidentemente está sumergida nuestra noble y amada Honduras. En consecuencia, llevamos ya más de diez años enredados en esta “pseudo-lucha digital-viral” y/o “pseudo-revolución de red social” que, honestamente, aparte de mantenernos amargados e infelices a toda hora, muy poco o más bien nada nos ha ayudado a avanzar como sociedad.
Para comenzar, un político es prácticamente un personaje sin alma, sin tiempo y sin vida propia; es además alguien que nunca deja de recibir llamadas y mensajes -aunque los ignore todos- en varias aplicaciones de su celular, ya que debe infinidades de promesas y favores que nunca pagará. Al mismo tiempo, ellos siempre andan pensando en todos los peces gordos a quienes le deben los “favorcitos” por los cuales llegaron al puesto que ocupan, por lo que a cada instante ruegan en su mente que no se los vayan a cobrar en el momento más incómodo ni de la forma más dolorosa, porque igualmente les será imposible decir que no. Asimismo, a pesar de que siempre andan rodeados de militares y policías, “cuidándolos” a toda hora y en todo lugar, encuentran muy arriesgado ir al cine, a centros comerciales, a restaurantes o simplemente a comer baleadas en la calle como ciudadanos normales, ya sea porque nadie los quiere o porque deben demasiado. Y ni hablar de la zozobra permanente que mantienen porque no saben cuándo una mala decisión o el “meterse” con la persona incorrecta hará que sean removidos de sus puestos y se queden sin sus jugosos privilegios, o peor aún, que su caso de abuso de poder, corrupción o quién -sabe- qué, salga a la luz y les toque ir “preciosos” o ser extraditados.
Lo más triste de todo, es que a ellos el grito de sus conciencias les visita puntualmente cada noche justo antes de dormir, seguramente recordándoles cada sonrisa llena de humildad, sinceridad y espéranza en el rostro de cada hermano hondureño que ingenuamente ha aceptado sus abrazos falsos y sus baratijas y les ha dado su voto, para que ellos -una vez en el poder- le ignoren cruel y fríamente y le hagan aguantar hambre, frio y tristeza. Un político, mi apreciable lector, aprende a valorar a las personas y a ayudarles, de acuerdo a la cantidad de favores o al tamaño de la recomendación que estas representan, porque lamentablemente así los valoran a ellos también; “si te recomiendo a alguien y le ayudas, te debo un favor, luego vos me recomendás a alguien y así te pago ese favor”, por lo que para ellos no hay amistad, preparación académica, capacidad, experiencia ni lealtad que valga; ellos le verán a los ojos y le dirán que “ya le van a ayudar” para que usted tenga empleo y su familia tenga qué comer, pero lo tendrán esperando de seis meses a un año y luego dejarán de contestarle el teléfono o le dirán que “sigue en proceso lo suyo”, pero en realidad solo esperan que usted se canse y desista de insistirles, para que ellos puedan disfrutar del puesto que usted les dio con su voto, mientras usted ve cómo le da de comer a sus hijos.
Es urgente que reconozcamos nuestro desperdicio de tiempo y pésimo uso de las redes y de los espacios familiares o sociales para estar discutiendo los mismos temas políticos de siempre, ya que solo así podremos comenzar a enmendarlo trabajando duro, leyendo todo cuanto podamos cada día, aprendiendo muchas cosas nuevas, especializándonos cada vez más en nuestra área, procurando disfrutar de todos nuestros momentos de descanso, pero sobre todo -cuando llegue el momento-, quitándole el voto a todos aquellos parásitos que han vaciado las arcas de nuestro Estado, que bastante han desprestigiado a Honduras con su circo y que deberían de ser ellos quienes anden desesperados viendo cómo mejoran nuestra vida para ser electos y no al contrario. En cualquier caso, por el amor de Dios, ¡ya no gastemos pólvora en zope!