Por Noé Pineda Portillo
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Aunque usted no lo crea, todavía existen en este mundo, seres humanos que tienen un trato como si fueran animales. El antiguo sistema de castas de la India y otros grupos similares en países como Bangladesh, Sri Lanka, Yemen y Japón, existen, aunque con ciertas diferencias.
En la India el sistema general de castas existe desde hace 2500 años y es un elemento fuerte del hinduismo, esas castas son, de mayor a menor:
Brahamas, la primera casta, salió de cráneo y boca del Dios Brahma y representa la inteligencia, médicos, profesores, ingenieros, sacerdotes, etc.
Shatrias, segunda casta, salió de los brazos de Brahama, simboliza los guerreros.
Vaisas, tercera casta, salió de los muslos de Brahama, simboliza a comerciantes y terratenientes.
Sudras, cuarta casta, salió de los pies de Brahama, para trabajar a los de tercera casta.
Parias, Dalit o intocables no salen del cuerpo de Brahama, no tienen casta.
Al estar fuera de las castas o varnas, a los parias o dalit, se les permite realizar trabajos marginales como zapateros, jornaleros agrícolas, artesanos callejeros, artistas populares, lavadores de ropa y otros. Los de clases superiores evitan su contacto y el de sus sombras. La Constitución de la República India prohíbe las castas, pero en la vida real sigue igual, predomina la costumbre y la tradición.
El que nace dalit o paria, muere dalit o paria. No hay oportunidad de subir a otro nivel social y siempre será pobre y discriminado.
La semana pasada, se dio a conocer una noticia que decía como titular: El hombre asesinado a golpes por sentarse a comer “donde no debía”. Se trata de un joven de 21 años llamado Jitendra, de la aldea remota llamada Kot, del norte de la India. Un grupo de hombres de casta superior le propinó una paliza, quedando tan mal herido, que nueve días después, murió. ¿Su presunto delito? Sentarse en una silla y comer delante de ellos en una boda a la que fue invitado.
Se supone que Jitendra no ha recibido justicia a pesar que su familia lo pidió a las autoridades locales. Si bien, estas injusticias por tan simples actos son bastante condenables, nosotros en nuestras sociedades latinoamericanas también las hemos tenido, pero en otras formas.
Cuando niño recuerdo en nuestros pueblos de Santa Bárbara y occidente del país, existía el mozo de año, el que se endeudaba con el patrono, quien era el dueño de la tienda más grande, terrateniente y ganadero. El dicho mozo pedía todo lo que quisiera para él y su familia, y todo iba cifrado en una lista abultada de deudas, que el dueño llevaba del sujeto que nunca llega a solventar, hasta que moría endeudado. Ahora eso ya no existe, debido a que las leyes han mejorado. Aunque eso no quiere decir, que la situación social de nuestros campesinos sin tierra y obreros rurales y marginales urbanos haya mejorado. La injusticia social en el mundo sigue en pie.