Abog. Octavio Pineda Espinoza(*)
(*) Secretario general del Partido
Liberal. Catedrático universitario
Estos momentos que vive el país son trascendentales, no solo por lo que pasa, sino, porque lo que decidamos hoy o mañana todos los ciudadanos definirá el futuro de esta nación llamada Honduras, no solo me refiero a los estudiantes, a los maestros, a los médicos, a los empresarios, a los militares, a los políticos, a los ciudadanos, a nuestros hijos e hijas, a nuestras familias, nuestros gremios, nuestros emprendimientos, lo que decidamos afectará igual al primer ciudadano de la nación y al último, está en juego nuestra alma nacional, nuestro futuro y nuestra dignidad.
Pero debo ser sincero, jamás me he sentido como hondureño, tan abajo en la escala de las naciones, siento que quienes nos colaboran también han perdido un poco el norte, no quisiera pensar que se corrompieron igual que los nacionales, sería lo peor de nuestras desgracias, quisiera cambiar lo que en algún momento me dijo el maestro alemán Peter Schoeder, “tu país es tan rico, que lo saquean y lo saquean y todavía tienen de donde sacar”, a veces me pregunto, qué más pruebas necesitan ahora esos gobiernos que nos señalan pero apoyan oficialmente a Juan Hernández, unos tienen la osadía de decir que Juan Hernández es su hombre en Centroamérica, que gran contradicción¡, me pregunto cómo justifican los embajadores de esos países el apoyo a un gobierno señalado por el narcotráfico, la corrupción y la impunidad.
Y quiero ser contundente, yo no estoy aquí proponiendo una revolución tipo Venezuela, si algo he aprendido de la historia y de leer, es que las revoluciones son falsas y que se terminan comiendo a sus propios padres, vean la historia de Dantón y Robespierre en Francia, vean, lean y entiendan compatriotas la falsa revolución cubana y la ofensa del sandinismo en Nicaragua, la falacia del socialismo del siglo 21 que trajo hasta sus rodillas una nación rica, segunda reserva de gas del mundo y una de las más grandes de combustible en el mundo que ayer aceptaron en sus medios oficiales que tiene una inflación del 1,200 por ciento, por favor, seamos serios, alguien sabio que ya pasó a mejor vida me decía “los revolucionarios de Honduras, son revolucionarios de cafetín”.
Yo creo en las revoluciones, creo en la revolución de Jesucristo, la revolución más importante de la historia, creo en la revolución inmersa en la educación, creo en liberar las mentes y las almas de los estudiantes y los ciudadanos para que puedan opinar y criticar pero de igual forma creo que deben aprender a ganarse los espacios y hacer méritos para sustituir a aquellos que critican, no creo en las organizaciones, ni en los jefes, ni en los compañeros y colegas, que aparecen cuando les conviene y se esconden cuando las circunstancias reclaman su valentía, en aquellos que hacen y viven de los negocios del Estado y que prestan su abogacía cuando tienen conveniencia de ganar y se ocultan cuando saben que sus cuentas bancarias no serán llenadas por su rebeldía, creo en la propuesta digna, convincente y no acomodaticia, por eso critico al otrora honorable, Colegio de Abogados, lleno de empleados del gobierno para callar lo que debería ser su posición con la complacencia y la permisividad de aquellos frentes que deberían reclamar espacios más honorables y seguros para nuestros colegas.
Admiro al Colegio Médico, que al mismo tiempo defiende los derechos de sus miembros como su posición en la sociedad hondureña, admiro aunque no conozco personalmente a la presidenta de ese gremio, no puedo decir lo mismo de la presidente del mío, cuyo cómplice silencio solo es una muestra más de su poco amor por sus colegas y su reiterada entrega a un gobierno inconstitucional e ilegal, demando por este medio que mis colegas, a los que les va muy bien en la profesión, por sus contactos actuales y pasados, que dejen la comodidad de sus casas perdidas en la foresta existente donde la mano criminal del alcalde no ha llegado a cortarle los palos, a aquellos que no tienen problema con el agua, aunque el agua es el principal problema de la capital, les invito a que caminen un kilómetro con los ciudadanos en estas caminatas cívicas, pero que caminen no solo para tomarse la foto y quedar bien con todo el mundo, los invito a que hablen y que escuchen a la gente como lo hemos hecho otros, para que se den cuenta de las enormes necesidades las mayorías y la poca respuesta de quienes dicen que nos gobiernan. Despojemos a los corruptos del poder pero que la medicina no sea peor que la enfermedad.