Por Marcio Enrique Sierra Mejía
En Honduras, muchos políticos de oposición e intelectuales identificados con la filosofía dialéctica materialista histórica y militantes de fuerzas politicas, socialistas y comunistas, que han hecho del partido Libre, un nicho de protección política, están construyendo el odio como postura opuesta a la afección pacífica, infundiendo el odio para generar aversión, sentimientos de desastre y destrucción del equilibrio armónico.
Hoy por hoy, entre las fuerzas obreras o trabajadoras hondureñas en general, se está inculcando el odio de clase. El odio surge del intento revolucionario izquierdista que los socialistas en nuestro país promueven, siguiendo el ejemplo pragmático que Maduro en Venezuela, promueve para dominar en la vida política de ese país. Pero que también, es el resultado de fuerzas intelectuales internacionales europeas, chinas, soviéticas y cubanas; que están activas tanto en Venezuela como Nicaragua y otros países de América Latina en menor grado.
A partir de la sucesión presidencial que se produce en el 2009, y que para otros fue un golpe de estado, se inicia una sistemática campaña política permanente de generación de odio entre los hondureños que, nos está llevando a los extremismos políticos aparentemente sin arreglo posible.
Vemos que la generosidad de gentes con diferentes tendencias, tiende a perderse y no se hace posible aún, la transición al perdón por parte de todos. Más que buscar el poder democrático, la oposición guiada por cuadros orgánicos socialistas, buscan aplastar definitivamente al gobierno de Juan Orlando que, es de ideología pacifista y de corte nacionalista democrático.
La convivencia pacífica en Honduras, está siendo trastocada por una estrategia política expansiva al nivel nacional, y promovida por sembradores del odio desde diversas trincheras reales, que paradójicamente, agregan valor a la violencia producto de conflictos sociales propios de la pérdida de la convivencia sana.
La nueva izquierda -marxismo puro- se encarga de atizar de nuevo los odios de antaño, justamente cuando apenas quedan supervivientes de aquella “mala época” en que ocurrieron asesinatos políticos vergonzosos y sectarios. Esta nueva izquierda, lo mismo que la ultraderecha anterior, están incitando el odio estropeando los buenos intentos por construir la convivencia sobre la armonía, el diálogo y la paz.
El odio político es fomentar antipatía y aversión hacia el gobierno y los demócratas nacionalistas y liberales, un mal que los socialistas desean. Los diputados de Libre demuestran y generan tormentas de odio quizá no vista con anterioridad en nuestro país. Alimentando populismos con un sustrato alimenticio de rencor tremendamente insano. Que rompen los límites de la libertad, porque buscan imponer sus intereses hasta en los dominios particulares para excluir todo vestigio de liberalismo democrático. No seamos timoratos y demos la lucha política por una convivencia en paz. Hay que organizar una ofensiva política democrática ejemplar y convincente que, pase necesariamente, por realizar acciones de cambios verdaderamente históricos que: demuestren la visión correcta del desarrollo económico, social y cultural inclusivo que merece Honduras.
Nos quieren infundir un miedo que nos separa, como herramienta de control de un sistema indiferente a la armonía y la paz. Hay que contrarrestar el odio político con acciones ejemplares para evitar que la fermentación ideológica actúe sobre las zonas grises de la sociedad hondureña.
Esta apología del odio va a tener consecuencias irreparables. Los izquierdistas se han convertido en catalizadores que activan rencores y mediocridades, apuntándolos contra blancos determinados. El resultado de esta actuación política es la violencia política. Y el trayecto de esta violencia empieza en la palabra y termina en los actos.
Podemos constatar que el odio político por los momentos, es exclusividad de las fuerzas de izquierda que lideran profesionales del Colegio Médico y de algunos gremios magisteriales, que siguen una línea política afín con sectores del partido Libre, del bloque popular y asesores internacionales que, les dan direcciones estratégicas, tácticas y recursos económicos para realizar las protestas callejeras: muy bien planificadas.
Estamos viviendo una “conspiración” contra el Presidente Juan Orlando Hernández que se expresa en olas xenófobas que pueden derivar en aberrantes acciones contra la vida del Presidente. No se debe permitir que en Honduras caigamos en lamentables “asesinatos políticos” que nos van a dejar el sabor de oscuras conspiraciones. El odio que se puede constatar en las protestas callejeras, reflejan que existe un complot, cuya consecuencia es la violencia política imperante. Es evidente que existe la manipulación inescrupulosa de grupos anarco izquierdistas fundamentalistas que, se aprovechan de la incultura y la pobreza generalizada, para introducir un mensaje de odio que alimenta el rechazo de la población hacia el gobierno y su Presidente. No hay duda que se ha concretado una alianza tácita en donde los prejuicios políticos son los puntos de convergencia.