Por: Segisfredo Infante
Doña Elsa Ramírez García me invitó a pronunciar unas palabras en el conversatorio de presentación de la obra “Memorias de un periodista”, que trata de la vida y obra de don Mario Hernán Ramírez, el día miércoles quince de mayo del año que trascurre, en la Biblioteca del Banco Centroamericano de Integración Económica. Creo que la invitación fue posible por tres circunstancias aleatorias: La primera de todas es porque soy integrante del “Grupo Moliniano”. Luego habría que añadir el concepto de la amistad compartida con varias personalidades, entre otras la de los periodistas don Eliseo Pérez Cadalso (QEPD) y de don Adán Elvir Flores; y la del sindicalista ya fallecido don Luis Alonso Morel.
Mi discursito fue publicado en una página digital llamada “En Ata Voz” (o altavoz.com). En consecuencia me parece que en vez de repetirme a mí mismo, conviene reproducir, literalmente, algunos fragmentos de mis palabras eventuales: “Notas para el conversatorio de un libro testimonial”: “Bajo la premisa que en un conversatorio se conversa, y pocas veces se escribe, he decidido redactar, sin embargo, como ayuda-resumen, estas notas marginales acerca del libro “Memorias de un periodista”, elaborado, en fecha reciente, por doña Elsa Ramírez García, con el objeto de rescatar los testimonios de un periodista hondureño cuya edad actual oscila en torno de los ochenta y seis años, como evidencia que en Honduras nacen robles que subsisten en medio de los sosiegos y de las tempestades. Me refiero a don Mario Hernán Ramírez.” (…) “En la pasada “Sema Mayor”, correspondiente al presente año 2019; o en la “Semana del Pésaj”, dentro de la tradición judía, habida cuenta que el mismo Jesús de Nazaret y sus primeros seguidores más cercanos eran judíos, y dentro de una especie de soledad abrumadora estuve en condición de escudriñar el inventario general de mis pecados y defectos, y de mis necesidades espirituales más profundas, a fin de llegar a la conclusión preliminar que es de suma importancia en mi vida, y quizás en la vida de millares de personas, aprender a hablar bien del prójimo, contra todo tipo de contrariedad. Con el reto más importante, y mucho más difícil que el anterior, de aprender a pensar bien del prójimo. Se trata de una disciplina de pensamiento filosófico condensado en un artículo mío titulado “Hablar bien de los demás”, publicado en el diario “La Tribuna” el domingo cinco de mayo del año que discurre. Estas reflexiones íntimas han ocurrido en un contexto convulsivo en que la diatriba ideológico-política y de otros órdenes, se encuentra a la orden del día en Honduras y en el mundo entero en general. Como decía el gran narrador y patriota centroamericano Froylán Turcios: “el hondureño siempre tiene el dicterio a flor de labio”, y a mi juicio es harto difícil escapar a esta práctica cultural negativa ya consuetudinaria. Por eso resultará quizás incomprensible para los escritores y voceros acostumbrados a nuestros debates públicos viscerales, el fondo y trasfondo de mi orillera propuesta.” (…) “Muchos de nosotros nacimos escuchando las voces de Gustavo Acosta Mejía, de Mario Hernán Ramírez y de Nahúm Valladares y Valladares, en las radio-emisoras más importantes de la capital de nuestro hermoso país. Hermoso como era en nuestra niñez, sobre todo la pequeña y bella Tegucigalpa, incluyendo Comayagüela. Respecto de las cualidades de aquel mundo bucólico catracho de antaño, abundan las páginas de este libro de “Doña Elsa”. (…) “No crea el dilecto auditorio que hoy nos acompaña, que me he separado del texto y contexto del libro testimonial “Memorias de un periodista”. Casi todo lo aquí expresado se remite a las páginas del libro que ahora mismo presentamos. Muchas de sus amistades que Mario Hernán y “Doña Elsa” mencionan en este libro, tanto vivos como fallecidos, han sido o siguen siendo amigos personales míos, entre otros José María Espinoza Cerrato, Medardo Mejía, Ramón Oquelí, Adán Elvir Flores, Elvia Castañeda de Machado, Juan Ramón Martínez, Herman Allan Padgett, Edgardo Paz Barnica, Rafael Pineda Ponce, Armando Cerrato, Benigno Gómez, Noé Pineda Portillo, Freddy Cuevas Bustillo, Conrado Henríquez, Antonio Osorio Orellana, Guillermo Codrington, Joaquín Medina Oviedo, Luz Ernestina Mejía, Nahúm Valladares, René Sagastume Samayoa, Samuel Villeda Arita, Magda Argentina Erazo, Marcos Carías Zapata, Mario R. Argueta, Octavio Sánchez Midence, Rodrigo Wong Arévalo, Ronald Barahona, Rolando Sierra Fonseca, Matías Fúnez h., Jacobo Goldstein, Juan de Dios Gutiérrez, Ney Edelmira Reyes, Dagoberto Espinoza Murra, Manuel “Meme” Carías, Jorge Bueso Arias, Horacio Ulises Barrios Solano, Reina Janeth Galo y otras importantes personalidades del mundo periodístico, del pensamiento, de la educación, de las finanzas y del arte. Por supuesto, en este punto conviene recordar que hay distintos niveles, fases y facetas de la amistad.”
El evento singular lo realizamos unos ocho días antes que supiéramos sobre el premio otorgado a Mario Hernán Ramírez por el Congreso Nacional de la República. Creo que se trata de la época de cosechar laureles, por un hombre que ha sorteado toda clase de dificultades para ocupar un distinguido puesto dentro de la sociedad hondureña.