Por: Mario Hernán Ramírez
De acuerdo con investigaciones en diferentes pórticos lingüísticos el término “bohemia” tiene un amplio significado, el que va de acuerdo con el pensamiento del escritor. Posiblemente el vocablo proviene de París “la ciudad eterna” que precisamente enriqueció con su historia los anaqueles de las más grandes bibliotecas, hemerotecas y archivos del mundo entero, con la sola presencia de dos gigantes del pensamiento que fueron Víctor Hugo y Alejandro Dumas hace ya cerca de dos siglos; en América, no podemos quejarnos de las luminosidades que han alumbrado este hoy pequeño mundo en que habitamos, con la presencia de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, para solo citar dos.
Pues bien, resulta paradójico bendecir algo que con el correr del tiempo ha destruido poblaciones enteras, precisamente por su efecto de crueles y fatales consecuencias.
En este caso particular, nos referimos al término “bohemia” considerando lo que durante la mitad del último siglo se creyó como una adicción o un vicio que hizo y continúa haciendo estragos en el organismo humano; nos referimos a la embriaguez continua de muchos hombres y mujeres que han caído desgraciadamente en las garras del alcoholismo y del cual difícilmente logran zafarse, por más medidas de corrección que busquen para la abusiva ingesta de estos que algunos llaman los “orines del demonio”.
En Honduras, en una centena de años, de acuerdo a los registros en las oficinas correspondientes, son miles y miles de personas las que han fallecido en plena juventud, merced al consumo descontrolado del alcohol en sus diferentes formas, llámese whisky, ajenjo, coñac, ron, cerveza, aguardiente, cususa, charamila, vino, y pare usted de contar, porque hasta la llamada “chicha” sirve para embriagar.
Entonces, cuando el individuo es víctima de esta enfermedad, la cual hasta el momento la ciencia no ha podido encontrar el antídoto para frenar su uso y abuso, tampoco lo ha podido hacer la religión, ni las autoridades que son las que más se ven comprometidas con este problema universal, pues de todos es sabido que un alcohólico consuetudinario es un problema de la más alta peligrosidad en el ambiente familiar, social y cultural de cualquier país.
Sin embargo, el pasado siglo en la ciudad de Akron, estado de Ohio, Estados Unidos de América, dos hombres iluminados por el poder divino en 1935, crearon el primer grupo de desintoxicación alcohólica al cual denominaron Alcohólicos Anónimos, el que hoy día es considerado como el milagro del siglo XX.
Y es que definitivamente, esta enfermedad cruel y despiadada, de fatales e infinitas consecuencias, no tiene preferencia para envolver en sus redes a los ricos, ni a los pobres, ni a los jóvenes, ni a los viejos, ni mujeres, ni hombres, ni a los llamados intelectuales e inteligentes, en fin, arrasa con sus garras devoradoras a todo aquel hombre o mujer que nació predestinado y que basta una sola vez que pruebe cualquier tipo de licor, para inmediatamente despertar en su organismo ese gusanito que permanece escondido, sino es hasta que la persona aludida queda atrapada en sus tentáculos.
Empero, volvemos al tema del milagro del siglo XX en que, el doctor Bob y el señor Bill W., iluminados por el Altísimo como queda señalado líneas arriba, descubrieron el secreto, o más bien la única tabla de salvación para quienes padecen de tan cruel enfermedad, el cual recorre casi todos los países del globo, merced a los enormes beneficios que la humanidad ha recibido de este maravilloso programa, que como su nombre lo indica, el éxito del mismo se debe al anonimato, con un victorioso triángulo que reza de la siguiente manera: “Unidad, servicio, recuperación”.
La mayoría de los grupos de Alcohólicos Anónimos realizan su trabajo silencioso, sin publicidad, ni propaganda, porque es un programa de atracción, ya que los doble “AA” no tienen vinculación directa con la política, la religión, la ciencia, la prensa, la brujería, ni nada que empañe su limpia transparencia con que fue creado, por un mandato divino que está instituido en dos libros maravillosos que contienen las doce tradiciones y los doce pasos para alcanzar, sino la sobriedad absoluta, por lo menos la abstinencia, que con disciplina y entusiasmo se convierte en sobriedad.
Para ingresar a Alcohólicos Anónimos no existe ningún requisito, excepto que el individuo tenga plenos deseos de dejar de beber, para lo cual no se le cobran cuotas de ingreso, ni de afiliación, ni nada que pueda anular el fundamento básico de su nacimiento, que es el anonimato, ya que –en lo que las salas de “AA” se escucha y se mira, ahí se queda–.
Usted escuchará escalofriantes relatos, desafiantes historias tétricas y todo género de testimonios jamás inventados, porque son pasajes de la vida real que los protagonistas han vivido en carne propia y como están seguros que sus relatos no trascenderán, ahí descargan toda la verdad por amarga y triste que esta sea.
En consecuencia, al titular con el nombre de “bendita” bohemia este trabajo, es porque alguna vez nos vimos envueltos en el fango por el que transitan esos pobres seres víctimas de las tantas veces mencionada cruel enfermedad, y lo hacemos porque conocemos como el mejor, los resultados inconmensurablemente saludables que esta filosofía ha entregado a la humanidad para su propia salvación.
En “AA” los hombres y mujeres que disfrutamos de sus maravillosos principios, casi desde el comienzo nos transformamos en personas útiles, y dejamos de ser los tropezones con que la familia, la sociedad y la patria misma se enredan a cada paso.