¿Regreso al salvajismo?

Por: Benjamín Santos

Según la Teoría y las Ciencias Sociales, que no son lo mismo, la humanidad ha pasado por tres estadios en su proceso evolutivo: El salvajismo, la barbarie y la civilización. Creo que quienes más contribuyeron a esa concepción fueron los creadores de la Teoría del Contrato Social, aunque cada uno concibió cada etapa con características distintas. Mientras que para Hobbes la primera etapa fue de guerra de unos contra otros (homo homini lupus), para Rousseau fue una etapa de paz y felicidad, mientras que la civilización fue un retroceso de la justicia a la injusticia, de la igualdad a la desigualdad. John Locke, el creador de la concepción liberal, sostiene que antes de la civilización había una sociedad con una paz precaria, pero la creación del Estado y de la ley se hizo para garantizar el orden y la paz, siempre que se respete la libertad, la propiedad y el derecho a la vida.
En el salvajismo el ser humano, que nadie ha ubicado en el tiempo, vivía errante, con grupos aislados, resolvían sus diferencias mediante la violencia y al interior del grupo se dependía del uso de la fuerza. Cuando el ser humano se volvió sedentario se basó a la segunda etapa, construyó viviendas rústicas, inventó la agricultura y tuvo otros avances de carácter técnico, artístico y cultural. La civilización nace cuando varias comunidades únicas por vínculos del mismo lenguaje, las mismas costumbres y una cultura compartida surge la sociedad y el Estado como instancia que garantiza el orden mediante el poder y la ley. En las aulas escolares y universitarias hemos estudiado las diferentes culturas cada una de las cuales tenían sus propias leyes, autoridades, idioma y cultura.
EL titular de esta columna tiene por objeto analizar cómo el abuso de la libertad conquista del mundo civilizado, se convierte en libertinaje para que cada quien haga lo que quiera sin consideración a la convivencia social. Lo que pasó en el Congreso Nacional es un buen ejemplo. En todos los países el Congreso o Parlamento, que no es lo mismo, es una institución en la cual se debaten los problemas nacionales y sus soluciones siguiendo los procedimientos establecidos. Sus integrantes deben ser expertos en los procedimientos parlamentarios y en las técnicas de la oratoria como el medio adecuado para convencer y persuadir por medio de la palabra. Cuando el Congreso se convierte en un lugar donde se intercambian insultos y golpes toma la forma de una cantina más que de un respetable centro integrado por gente civilizada. Parece que hemos caído en una vuelta al salvajismo cuando los problemas entre grupos se resolvían mediante la violencia.

Lo mismo ocurre con las manifestaciones públicas cuando se convierten en pretexto para atentar contra la propiedad, sea privada o pública, sin más intención que la de aprovecharse de un evento que puede ser legítimo para causar daño. ¿Quién responde por los daños que se causan al interrumpir la libre circulación del transporte? Y no estamos negando el derecho a la protesta y a la libre expresión de pensamiento y de acción. Lo que pedimos es que se mantenga el respeto mutuo y las normas propias de una sociedad civilizada. Lo difícil en estos casos es trazar el límite entre el ejercicio de la libertad y la aplicación de la autoridad. Un exceso de la autoridad limita la libertad y una excesiva tolerancia de la autoridad, aumenta el libertinaje. Ambos conceptos son correlativas: a mayor libertinaje, menos autoridad y a mayor autoridad, menos libertad, que si se mantiene en el marco de la ley garantiza el orden.

¿Qué hacer? Todos recomiendan el diálogo y está bien. Pero el diálogo al nivel que se realice tiene ciertos requisitos y con mayor razón si se realiza al más alto nivel y sobre temas complejos que combinan problemas económicos, sociales y políticos. El primer requisito es la buena fe, es decir la convicción de que ninguna de las partes juega con cartas escondidas. El segundo es la confianza mutua, producto de la buena fe. El interés mutuo de llegar a conclusiones compartidas. El respeto, porque no se puede avanzar un diálogo si una de las partes actúa en menosprecio de la otra. Además es fundamental el respeto al estado de derecho con todos sus elementos, separación de poderes, respeto a los derechos humanos, respeto al principio de legalidad.
Terminamos mencionando la necesidad de respetar los principios éticos. Volvamos a la civilización.

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