Marino Berigüete , embajador de la República Dominicana:

El baile no es su fuerte aunque nació en la cuna del merengue. Tampoco es partidario de andar en fiestas tomando vino y comiendo queso como la mayoría de los embajadores. De hecho, aclara, ese no es el rol de un diplomático. Su verdadera pasión es la literatura (11 libros escritos), pero también es un estudioso del Derecho, las relaciones internacionales y las ciencias políticas. De estos tópicos, más una mirada ligera a la región y las relaciones bilaterales, platicamos con el embajador dominicano Marino Berigüete.

Como todo dominicano, ¿supongo que baila merengue?
Mira, para ser dominicano hay que saber bailar. Yo aprendí a bailar pero por educación, pero no es mi fuerte. Yo no fui fiestero, te voy a decir un secreto: Yo vine a beber a los 40 años y no fumo.

¿Cuál es su fuerte?
Lo mío son los libros, yo tengo una biblioteca de 12 mil ejemplares porque vengo de un hogar donde era difícil tener un libro. Me fiaban los libros, eran la época de los libros de Paquito, Kalimán, Mac Pato y Memín.

En la entrada a su oficina leí una publicidad que dice “República Dominicana lo tiene todo” ¿Qué significa?
En mi país también le hacemos culto al intelecto, no es solo baile, mar, arena y sol. El dominicano es intelectual como Juan Bosch, Joaquín Valaguer, Peña Gómez. Hay exigencia en mi país que los políticos deben ser formados, aunque, lógico, hay muchos que no tienen formación.

¿Cómo surge esa pasión por el merengue y sus grandes cantautores?
Es parte del folklore, mi país está en el Caribe, hay primavera y verano todo el año, está lleno de colorido, la sociedad no se encierra, vive afuera, trabaja de lunes a viernes y disfrutan de la música y la cerveza los fines de semana, de ahí viene el merengue.

¿Qué otras aficiones tiene usted?
Mira, cuando era estudiante universitario fui instructor de karate, soy cinta negra en tercer dan, pero mi pasión es la literatura y después la diplomacia.

¿Dónde creció?
Nací en un pueblo al sur del país que se llama Barahona. En un hogar humilde y pobre con mi abuela que apenas sabía escribir. Mi madre se fue a Estados Unidos y con sus remesas estudié en el mejor colegio del pueblo. Soy hijo único, conocí a mi padre a los 14 años.

¿Cómo llegó a la universidad?
Crecí en una cultura de trabajo. Nunca me dijeron que era pobre o que hacía falta para comprar la comida. Cuando cumplí los 17 años me fui a la universidad pública de Santo Domingo y ahí comencé, la vida me fue llevando de la mano.

¿Adinerado, ahora?
No soy un hombre rico, mi riqueza son los libros, la literatura, conservo mis amigos de infancia, vengo de abajo.

¿Trabajó en su niñez?
Te voy a decir algo: Mi abuela limpiaba un cine y una vez tomé una escoba para ayudarle y mi abuela me la arrebató y me dijo: Tú, no. Tienes que estudiar, no hagas eso, nunca.

¿Intentó irse a Estados Unidos con su madre?
Fíjate que no, porque ella también quería que yo estudiara y en Estados Unidos no iba a estudiar, iba a ser un emigrante más con un trabajo en una factoría o en un restaurante.

¿Su primer trabajo?
Mi primer trabajo fue de monitor en la universidad cuando estudiaba. Cuando me gradué, ejercí el derecho en un bufete y luego con el Estado. Me iba mejor en el derecho que en el servicio diplomático.

¿Qué área del Derecho?
En República Dominicana teníamos un supermercado jurídico, ejercíamos de todo, pero yo desarrollé la parte civil-comercial en la parte turística de Punta Cana.

¿Creció bajo la influencia de los Trujillo?
No, gracias a Dios, nací en la época de la primavera democrática y, sobre todo, de la ideología. En ese entonces, no había compra de votos, los partidos no eran maquinarias electorales.

¿Cómo es ahora?
Ahora vivimos en una sociedad líquida, no hay amigos, sino, contactos; países digitales, se tiene más seguidores en tuiter o Instagram que cualquier partido político.

¿Cruzó a Haití?
Nunca, a pesar que vivía a 200 kilómetros de la frontera.

¿Por qué?
Como es una zona cañera, los haitianos venían a trabajar y no había diferencia entre un haitiano y un dominicano, la frontera era metafórica, ahora hay problemas, pero cuando yo nací era tan normal, pero no fui porque nunca me llamó la atención.

Claro, a nadie le gusta ir a ver más pobreza…
No, no, no. La pobreza existe donde quiera, pero a mí no me llamó la atención, mejor me iba a la capital.

¿Cuál es su libro más leído?
Se llama “13 cuentos supersticiosos del sur”, es un clásico, lleva ocho ediciones y relata las supersticiones entre Haití y la República Dominicana.

¿Usted vive de los libros?
No, ningún escritor vive de los libros. Tengo mis propiedades debidamente declaradas. Vivo en la misma casa de hace 24 años, soy de gasto restringido, excepto, con los libros. Trato de vivir como predico porque hay gente que predica una cosa y vive diferente.

¿Cómo entra a la diplomacia?
Cuando nombraron a un allegado mío como canciller, me invitó como su asistente. Ahí comencé el proceso de formación.

¿No es embajador de carrera?
¿A qué se le llama embajador de carrera? Porque tú puedes ser embajador de carrera sin formación, entonces, el hombre debe formarse para lo que va hacer, cuando vas a representar a un país tiene que estar consciente del cargo, porque un embajador no es ir a sentarse a una fiesta protocolar, beber vino y comer queso.

Es la fama que tienen los embajadores…
Pero no es eso. Hay que tener formación en Derecho y en relaciones internacionales. Un decreto no te hace embajador de carrera, no te hace diplomático, aunque te pongas el título de diplomático si no tienes formación.

¿Cuántos años tiene en la diplomacia?
16 años.

¿Pertenece a algún partido político?
Soy apolítico. Cuando ingresé al servicio político, me alejé de la política. No quiere decir que no tenga simpatía política.

¿Dónde estuvo antes de venir aquí?
En Paraguay, donde salí con las mejores condecoraciones que puede salir un embajador por mi labor en mis funciones de allá, ahora estoy tratando de ganarme el cariño de los hondureños a ver si salgo por la puerta ancha.

¿Es caro visitar su país?
No es tan caro. Si fuera caro, no fuera tanta gente, Somos un país de diez millones de personas y recibimos 7.5 millones de turistas al año. Entonces, eso dice que algo bueno tenemos.

Como politólogo y viendo lo que está pasando en América del Sur ¿Cree que fracasó el llamado del socialismo del Siglo XXI?
Te puedo decir que no ha fracasado, fracasaron los hombres, porque en Venezuela no hay socialismo del siglo XXI, hay chavismo y eso no es concepto de izquierda, lo que hubo fue personalismo.

¿Es malo?
El personalismo, ni en la izquierda ni en la derecha ni en la tercera vida, ni en los liberales, es bueno, el mal llamado Socialismo del Siglo XXI no se concretó. En Argentina hubo el Kirchnerismo, en Uruguay hubo un gobierno más decente con “Pepe” Mujica, alejado de la corrupción, cercano al pueblo.

Con tantos modelos aplicados, ¿por qué persisten los mismos males?
Porque nunca se aplicó la ideología sino la personalidad de los candidatos, pero la corrupción es lo que ha matado a los países en América Latina.

¿Habrá alguna receta?
Aspiro a que la próxima generación pueda repensar la manera de gobernar, hombres buenos que busquen el bien común, hemos avanzado mucho, hay que decirlo, pero América Latina necesita una reingeniería volviendo a sus orígenes fundacionales.

¿En qué sentido?
Construir una región más estable, integrada, buenas relaciones, ya no se gobierna aislado, se gobierna unificado, ya no se habla de bilateralismo, se habla de multilateralismo.

¿Se refiere a una América Latina unificada como la Unión Europea?
Si los europeos lo hicieron por qué no podemos soñar como lo soñaba Morazán. Un solo mercado, una naviera regional, una aerolínea, un banco, una moneda, una escuela universitaria, homologar los títulos, cuando ese día llegue, nuestros países van a despegar.

Es una utopía, hay que ser realista, embajador…
Hay que soñar. Tenemos el mismo idioma, que es la base para que un país pueda establecer diálogos con otro.

¿Cómo mira a Honduras?
La Honduras de hoy, a la que yo vi hace diez años, es una Honduras pujante, buena economía, carreteras que sorprenden, nada que envidiar. Lo que pasa es que el pez no ve su propia agua, el hondureño no ve que su país ha ido avanzando.

¿Cómo lo han tratado aquí?
Me siento muy bien, porque el hondureño y el dominicano son muy parecidos, hay una buena química, además, los miembros de la cancillería son uno de los más profesionales que he visto en la región.

¿Se siente seguro?
Salgo con frecuencia a los pueblos y nunca me he sentido amenazado, lógico, ando por donde debo andar, pero nunca me he sentido amenazado porque el hondureño es muy colaborador con el extranjero.

¿En qué está abocado como embajador en Honduras?
Estamos trabajando ahorita mismo con el fiscal general para que puedan venir técnicos de mi país a ver cómo se maneja el tema de las mara,s porque el crimen es global y organizado y entonces hay que tener una fuerza global para atacarla.

¿Qué otras experiencias comparten ambos países?
Las visitas sorpresas, las Pymes y estamos trayendo la experiencia de un gobierno digital para hacer gobiernos transparentes. Tenemos en marcha varios convenios en el la área educativa, agrícola, energía, escuelas diplomáticas, deportes, queremos traer entrenadores de béisbol y estamos solicitando a nuestro gobierno que le dedique la Feria del Libro a Honduras para que conozca la cultura hondureña.

¿En lo comercial?
Estamos viendo si los aviones de la República Dominicana puedan venir directamente a Honduras y viceversa. Ahora mismo, hay muchos hondureños que están registrando patentes en mi país y en agosto viene una misión comercial a SPS.

Hablando de empresarios, ¿es cierto que el expresidente Zelaya tiene empresas en su país?
Eso es mentira, el expresidente Zelaya, por las circunstancias de la vida vivió en mi país y dejó amigos. “Mel” hizo muchas amistades y no tiene ninguna propiedad. Eso que dicen es parte de la política que hay que tratar de ir borrando porque ahora la noticia falsa venden más que las noticias positivas y lo que tiene es la propiedad del afecto y el cariño de algunos dominicanos por su forma de ser.

¿Es amigo suyo?
Tengo dos años aquí y nunca le he dado la mano, pero sé que en la República Dominicana tiene amigos que los visita, pero no tiene más que amigos y afectos.