COMO aquí están divagados con el molote en las calles, consecuencia de un enfrentamiento entre el Colegio Médico, los gremios magisteriales, con el gobierno por la derogación de unos decretos que crean comisiones tutelares en los sectores de Educación y de Salud, poca atención han dado a la guerra de aranceles entre Estados Unidos, China y varios otros países. Ahora el expediente de las medidas arancelarias va a ser utilizado para obligar a México a impedir el ingreso de indocumentados a los Estados Unidos. POTUS anuncia como castigo imponer 5% de impuestos de introducción a todas las importaciones provenientes de México hasta que se resuelva el problema de la inmigración ilegal. La drástica medida se da mientras el legislativo de cada país se prepara para discutir la aprobación del tratado de libre comercio recién negociado y suscrito por Estados Unidos, México y Canadá.
Se trata de una renegociación al NAFTA que Trump desechó como un tratado que solo beneficios daba a los mexicanos, (y presumiblemente a los canadienses) en detrimento del interés de los norteamericanos. La sanción a los artículos de importación desde México es progresiva. “Los aranceles aumentarán gradualmente hasta que se resuelva el problema de la inmigración ilegal”. Justifica sus acciones diciendo que “la cooperación pasiva de México para permitir esta incursión masiva constituye una emergencia y una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y la economía de Estados Unidos”. Arguye que “México tiene leyes de inmigración muy fuertes y podría detener fácilmente el flujo ilegal de migrantes, incluso devolviéndolos a sus países de origen”. El plan abarca un alza escalonada de los aranceles. Los impuestos que pagan los productos que México exporta a EE UU pasarían del 5% al 10% el 1 de julio, al 15% el 1 de agosto, al 20% el 1 de septiembre y al 25% el 1 de octubre. Ello haría prácticamente imposible el intercambio comercial con daños colaterales a las empresas afectadas como a grandes sectores económicos en ambos países. La reacción de AMLO, ha sido enviar una misiva a POTUS recordándole, entre otras cosas, que “no es cobarde”: “Le propongo profundizar en el diálogo, buscar alternativas de fondo al problema migratorio y, por favor, recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato, sino que actúo por principios: creo en la política que, entre otras cosas, se inventó para evitar la confrontación y la guerra”. Hasta ahora el tabasqueño ha sido cauteloso, esquivando la confrontación y a veces hasta tragando gordo –para no responder de frente los twitter que le disparan– en su trato con POTUS. Sin embargo, parece que ya enfrentado al riesgo de medidas coercitivas concretas, ha tenido que salir del escondite.
Ayer –sin que se sepa si POTUS ya leyó la cartita que le manda el mexicano, o se trata de continuar con la narrativa acostumbrada referida a sus vecinos que no cuentan con armas nucleares– volvió a martillar sobre el asunto: “México se ha aprovechado de los Estados Unidos durante décadas”. “Debido a los demócratas, nuestras leyes de inmigración son MALAS. México hace una FORTUNA con los EE UU, (…)”. “Puede solucionar fácilmente este problema. ¡Es hora de que finalmente hagan lo que se deben hacer!”. Para no pagar aranceles, las empresas “abandonarán México, que se ha llevado el 30% de nuestra industria automotriz, y volverán a Estados Unidos”. “México debe recuperar su país de los señores de la droga y los carteles ya que el 90% de las drogas que llegan a los Estados Unidos lo hacen a través de México y su frontera sur”. Si lo anterior lo dijo antes de leer la carta, a ver qué sucede cuando la lea.