Por Carolina Alduvín
Es un concepto que ha ganado importancia durante la última década como marco de referencia para diseñar e implementar políticas de desarrollo productivo e innovación, especialmente, ante la necesidad de pasar a formas de producción en las que se reduzca al mínimo la generación de desechos y el uso de combustibles fósiles.
Vemos con preocupación la creciente contaminación de los océanos, en los que puede verse desde el espacio, enormes islas formadas por desechos de plástico que no solo ensucian, sino que están causando la muerte por inanición de incontables animales marinos que los confunden con material comestible.
La bioeconomía tiene como objetivo, no solo la producción y comercialización de alimentos, sino también productos forestales, productos derivados de material biológico y energía derivada de procesos propios de organismos vivos. Todos ellos se obtienen por medio de transformaciones físicas, químicas, bioquímicas o biológicas de materia orgánica no destinada al consumo humano o animal, empleando procesos amigables con los ecosistemas y el ambiente. Responde al paradigma de una economía más sostenible y eficiente favoreciendo un modelo productivo que utiliza recursos renovables de tierra y mar, garantiza la protección del ambiente.
Los recursos naturales, incluso aquellos renovables se están agotando a un ritmo creciente, los expertos estiman que en 30 años habrá más de 9 mil millones de habitantes en el planeta. Bioplásticos, biocombustibles y biomateriales deben ser la solución a los numerosos problemas ambientales y de recursos. El despliegue de la bioeconomía requiere del sector público como impulsor y coordinador de las iniciativas, también de los sectores productivos y tecnológicos como motores y del sistema de ciencia y tecnología como generadores de conocimiento y desarrollo de innovaciones tecnológicas.
Por su parte, la FAO define este término como “la producción que se basa en utilizar recursos, procesos y métodos biológicos para proporcionar bienes y servicios sostenibles, teniendo en cuenta factores como la tecnología, la producción sostenible y la integración entre agricultura salud e industria”. En el ámbito de la agroalimentación se busca mejorar la eficiencia de los procesos productivos, es decir, aumentar los rendimientos y reducir las pérdidas, utilizando menos tierra, agua, agroquímicoWWWs y energía.
En materia forestal, la tendencia es mejorar los sistemas de gestión de los recursos, desarrollando modelos que combinen la capacidad de nuestra generación con las futuras para absorber dióxido de carbono, con un enfoque que permita preservar la diversidad biológica y su utilización sostenible. Además, aumentar la productividad de los bosques, mejorar la cantidad y calidad de la madera y sus productos derivados; también es esencial aumentar la producción de biomasa como materia prima para la industria bioquímica y bioenergética.
La actividad pesquera conlleva un mejor conocimiento de la biología y los ecosistemas marinos, con estrategias de gestión sostenible para la utilización integral de los recursos del mar para obtener bioproductos y algas. En el sector químico hay que aumentar el uso de recursos que no compitan con la alimentación humana, tales como residuos y subproductos, o la biomasa de las algas como materia prima para la generación de energía mediante nuevas rutas de síntesis de biocombustibles destinados al transporte, generación de electricidad o de calor, mediante el desarrollo de biorrefinerías.
En el estratégico sector del agua, resulta primordial una adecuada gestión y reutilización del recurso para mantener las capacidades y potencialidades de los sistemas productivos en un renovado contexto de producción y demanda de alimentos. Hay que volver a la economía circular en la que los desechos de un proceso sean la materia prima del siguiente, sin desperdicios, sin productos terminales de un solo uso que terminen contaminando los ecosistemas y exterminando a sus componentes. Estamos a tiempo de rectificar, revertir los efectos del cambio climático y otros problemas ambientales, reinventando los usos de organismos, procesos y productos derivados de organismos vivos, en otras palabras, prestando más atención a la biotecnología, desarrollándola y poniéndonos al día, la hemos ignorado y postergado durante décadas.