Las huelgas de médicos y maestros

Excelente lo apuntado por el columnista Mario E. Fumero con su interesante artículo “¿A quién afectan las huelgas? Todo lo apuntado por el señor Fumero es de una incontestable realidad: A quien verdaderamente afectan las huelgas protagonizadas por los gremios magisteriales y de salud es al pueblo. Al pueblo verdadero que siempre lleve las de perder con las acciones de la clase política de cualquier color.

Son del dominio público las acciones de la clase magisterial del sector público que siempre juegan un papel protagónico de violencia, ambiciones desmedidas, las palabras fuertes y los discursos vacíos carentes de propósitos de altura y de lucha en pro de la niñez pobre. Nunca se han caracterizado por concretar estos cognomentos por el bien de Honduras. Su propósito de miras es luchar únicamente por conquistar privilegios y canonjías y se han caracterizado por peticiones voraces e inalcanzables para la capacidad crematística del Estado. Con sus bochinches y sus negativas de impartir el pan del saber a los hijos de los pobres que a futuro perjudicarán enormemente en el campo laboral y profesional. A propósito: ¿Cuántos de estos dirigentes magisteriales tienen en la actualidad a sus hijos estudiando en los colegios públicos?

Se recuerda con añoranza a aquellos maestros de antaño que dejaron su impronta imborrable de su carácter y apostolado inclaudicable a la enseñanza. Eran hombres dispuestos a hacer de Honduras un país culto y señero con altos valores cívicos y morales. ¡Ah tiempos aquellos!

Del gremio médico ni hablar! Su trato con la gente humilde que acude a los hospitales públicos en búsqueda de tratamiento para sus dolencias deja mucho que desear. Su juramento hipocrático de servir con entrega y dedicación a sus pacientes, deja mucho que desear. No hay conciencia y plena identificación, devoción y sinceridad en el trato humano a la gente del pueblo-pueblo.

Si usted, amigo lector, acude diariamente a los hospitales del Estado aquí en la capital en las horas pico de la madrugada (05:00-06:00 a.m.), observará aquellas largas filas de pacientes ávidos de atención a sus dolencias y evidenciará ese trato cruel e inhumano de que son objeto, en vivo contraste con la conducta más humana y servicial que practican en los hospitales privados estos mismos profesionales de la medicina gracias a la paga onerosa que reciben por sus servicios.

Hay que decirlo. Estas quejas son estructurales y si la acompañamos con la anómala situación de doctores que ostentan -dicho sea de paso- dos o más posiciones en el engranaje hospitalario estatal como la doctora presidenta del Colegio Médico, nos da la medida de la calidad moral y desfachatez de su conducta y carece de un gesto de solidaridad y desprendimiento de brindar estas oportunidades laborales que disfruta a manos llenas a compañeros del gremio que carecen de una plaza para cubrir sus necesidades propias o familiares.

César Augusto Bonilla Ochoa
Tegucigalpa, M.D.C.