Frente a todo conflicto, sabiduría

Por Segisfredo Infante

Hemos expresado en un artículo reciente que la sociedad hondureña sólo entiende el lenguaje de la confrontación, cuando menos desde el año 2008, atizados los hondureños de diversos segmentos, por circunstancias internas pero, sobre todo, por fenómenos que existen internacionalmente; o que han sido incubados en otras partes del continente americano, inyectados lentamente, o violentamente, desde tinglados exteriores hacia la República de Honduras, ya sea en el marco innegable de las esferas ideológicas y políticas; o desde los macabros negocios de la narcoactividad, que tanto daño le han hecho a los jóvenes catrachos. No es aconsejable continuar percibiendo a nuestro país, ni a sus autoridades, como si fueran una isla descontextualizada del resto del mundo. Nunca ha sido así, ni siquiera en el largo periodo colonial, en que muchos de los caudales monetarios del gobierno provincial se esfumaron persiguiendo a los piratas que operaban en la costa nor-oriental; o en la paga de impuestos al gobierno de la Capitanía e Intendencia General de Guatemala. O también en la fuga de capitales en manos de inversionistas mineros oriundos de la provincia colonial guatemalteca. Capitales que casi nunca se quedaron en la provincia de Honduras. Y que en nada contribuyeron a un proceso de “acumulación originaria” de capital hondureño, lo cual explica una parte de la pobreza ancestral de nuestra “Provincia”.

Pues, desde mi ángulo marginal de observación, Honduras continúa siendo una provincia republicana, con ubicación geoestratégica vital pero con escaso nivel de autonomía. Una provincia sujeta a los vaivenes del mercado mundial, y a las agendas políticas e ideológicas del trasmundo. La problemática es multifactorial. Pero sólo cuatro ejemplos de lo aquí afirmado y sostenido, podrían ilustrarnos concretamente: 1) Las fluctuaciones de los precios mundiales del café. 2) Las oscilaciones vertiginosas del precio del petróleo en espacios lejanísimos de Honduras. 3) Que subsistimos, en gran medida, de las remesas familiares que vienen del exterior. Y 4) Que somos víctimas del negocio multimillonario de la cocaína manejada por el crimen organizado internacional, con la vista gorda de algunos malos hondureños, presionados por agendas ocultas. Negar estos cuatro problemas que repercuten sobre la vida del Estado y de la sociedad hondureña en general, es como pretender negar que el agua de los océanos es salada. No se trata de la presencia o ausencia de valores nacionales, como me expresaba un amable contertulio la semana recién pasada, sino de fenómenos multiláteros que suelen escapar de nuestras manos, sin negar para nada la necesidad de reforzar nuestros valores culturales y morales tradicionales y modernos, partiendo del amable supuesto que todavía subsisten.

En el marco de las conflictividades sociales hondureñas, a la velocidad del sonido olvidamos los cuatro fenómenos anteriores. Y también olvidamos los demás. Se olvida, por ejemplo, que los sueldos de todos los empleados públicos, incluidos los profesores y los médicos, se pagan de los impuestos directos e indirectos, de las deducciones salariales para los hospitales de Seguridad Social, y de la deuda estatal contraída. También olvidamos que en el plano histórico es harto imprudente presionar demasiado a las clases medias de cualquier país del mundo. Por pura comodidad ideológica algunos niegan la existencia de la clase media hondureña, y de la clase media en general. Por eso, la crisis financiera mundial desencadenada en el año 2008 fue producto, entre otros factores, del abuso extremo de los fondos de pensiones de los jubilados y por jubilarse, y del trasiego internacional de las hipotecas de bienes raíces que supuestamente favorecían a la clase media y a los trabajadores de bajos salarios que quedaron en la calle, de un día para otro, dentro de un desenfrenado “triunfalismo” de los mercados financieros en invisible bancarrota.

La sabiduría, frente a la conflictividad ocasional o recurrente, sólo es posible sobre la base de una imparcial observación prudente del comportamiento humano y de las cosas volátiles durante décadas, y de un conocimiento histórico profundo de sucesos concretos escenificados en cada país y en diversas partes del planeta. La verdadera sabiduría colinda con la filosofía pura de la Historia. Por eso en ausencia del conocimiento histórico riguroso y de la gran Filosofía, reaparecen luego los pedantes, los arrogantes, los que “lo saben todo”, los que padecen de fijaciones mentales insalvables y los violentos, quienes inducen a los demás hacia el uso y abuso de los lenguajes confrontativos por doquier, y a las acciones violentas derivadas de esos lenguajes y de sus intereses a veces ocultos. Es importante subrayar que el lenguaje cotidiano de cada individuo, define la personalidad exterior de ese individuo “equis” o “ye”. Por supuesto que en este punto lo más importante es el pensamiento interior conectado con tal o cual lenguaje. Ignoro en este momento histórico crucial de dónde podemos extraer la sabiduría para el hondureño. Por eso he propuesto la creación de un “Consejo de Ancianos Estatal Permanente”, para que aconseje con suave e incisiva prudencia, a los diversos gobernantes, gremios y empresarios de Honduras.