Centroamérica busca unirse para enfrentar crisis en café

Centroamérica busca fortalecer el trabajo conjunto de sus países para encontrar soluciones que le permita enfrentar los problemas que afectan al sector cafetalero como lo son los bajos precios internacionales, el cambio climático y las enfermedades, informaron este lunes fuentes oficiales.

Representantes de las instituciones rectoras del sector cafetalero de Centroamérica y República Dominicana se reunieron en Costa Rica para analizar posibles respuestas conjuntas y fortalecer el mecanismo de diálogo que mantienen con el apoyo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

Este mecanismo, llamado Programa Cooperativo Regional para el Desarrollo Tecnológico y Modernización de la Caficultura (Promecafé), desarrolla un plan de trabajo que respalda a los caficultores de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica, Panamá, República Dominicana y Jamaica.

El objetivo de la región es fortalecer el trabajo conjunto para solventar retos económicos, comerciales y fitosanitarios que enfrentan debido al cambio climático y los bajos precios internacionales del grano, entre otros factores.

«Debemos trabajar coordinados en la búsqueda de soluciones, representar los intereses de la región en instancias internacionales como un bloque sólido y ser una plataforma para la gestión de recursos financieros que doten de más y mejores herramientas a los caficultores de la región», dijo el secretario ejecutivo de Promecafé, René León Gómez.

Datos divulgados por el IICA indican que en 2018 el precio promedio de una libra de café arábiga fue de 1.01 dólares, y en abril de 2019 cayó a 0.95 dólares, el promedio mensual más bajo desde julio de 2006. De acuerdo con León Gómez, la caficultura en los países centroamericanos y del Caribe es responsable del 25 por ciento del café arábica que se consume en el mundo.

Sin embargo, el cambio climático, las enfermedades del grano, los bajos precios en el mercado internacional, el endeudamiento de los productores y la escasa mano de obra están afectando a las más de 1.5 millones de familias que dependen de la actividad en la región.