Adiós a la docencia

Por: Benjamín Santos

La dedicación a la enseñanza, en cualquiera de los niveles del sistema, es una actividad de grandes satisfacciones. Saberse parte de un proceso que eleva el nivel de los niños y jóvenes para enfrentar su futuro con mayor solvencia ética e intelectual produce una gran satisfacción. Por eso mismo es una actividad que requiere sacrificio y además requiere una vocación natural que puede desarrollarse, pero que no se puede inventar si no existe en la personalidad del docente. Por eso al inicio de clases le declaraba a mis alumnos que los amaba, porque nadie puede educar odiando al educando o señalando solo sus defectos. Pude ver el cambio de muchos alumnos cuando se les expresaba amistad y comprensión. La satisfacción viene cuando el estudiante se gradúa y nos expresa su agradecimiento por nuestra contribución a su formación o cuando lo vemos en la vida profesional desempeñándose con seguridad y solvencia.

Vine de mi pueblo, que ya se distinguía como hoy por su alto nivel en los procesos de enseñanza-aprendizaje, recién graduado de maestro en 1963 a los 20 años para desempeñarme como catedrático y subdirector del Instituto Seminario San José ubicado en el barrio Casamata donde hoy se encuentran las oficinas de la Universidad Católica. El mismo año me matriculé en el Instituto Cultura Nacional para cursar el bachillerato por equivalencia ya que los profesores no podíamos entrar a la universidad sin ser bachilleres y luego me matriculé en la Facultad de Derecho de la UNAH, única universidad en ese tiempo. Trabajé 11 años en el seminario, mientras tanto, me casé, nacieron dos de mis hijos y terminé mis estudios universitarios. Quizá eso no hubiera sido posible sin el apoyo moral de monseñor Héctor Enrique Santos, hermano menor de mi padre. Debo dejar constancia que en ese tiempo vi desfilar una buena cantidad de aspirantes al sacerdocio, pero la mayoría después de obtener el bachillerato se inclinaban por otras profesiones convencidos que no tenían vocación religiosa y quizá fue lo mejor.

En lo que sigue debo destacar el aporte del padre canadiense Guillermo Arsenault que me llevó a Cáritas como director de los programas educativos, luego fui director de Radio Católica y secretario ejecutivo del Consejo de Coordinación para el Desarrollo que agrupó a varias instituciones con una sola visión doctrinaria y estratégica. El desarrollo integral. Fue una experiencia fascinante que tuve que dejar para irme a estudiar Ciencias Políticas a Alemania. Al regresar fui nombrado director del Instituto Centroamérica de Estudios Políticos con sede en Guatemala durante dos períodos y luego vine a Honduras como profesor y posteriormente decano de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad Católica, institución que ha sido la última etapa de mi carrera docente. Pasé por alto mis largos años de docencia en mi Alma Máter, la UNAH.

En ese largo período de docencia entre 1963 y 2019 he ayudado a formar a más de cincuenta mil estudiantes que andan por ahí dedicados a diferentes actividades, algunos con mucho éxito. Cuando con algunos nos encontramos por casualidad, me peguntan si me acuerdo que fueron mis alumnos y tengo que decirles que han cambiado mucho como para que identifique a cada uno y terminamos presentándonos de nuevo, después de lo cual disfrutamos recordando anécdotas de nuestra convivencia hace ya muchos años. Algunos recuerdan que cuando di clase en un colegio nocturno le pagaba la colegiatura a quienes no podían hacerlo aprovechando que el dueño del colegio no les pagaba a los maestros y de esa manera evitaba que se perdiera el sueldo.

Llego al final de mi vida satisfecho de haber hecho el bien en la actividad docente, pero con la duda de si me hubiera ido económicamente mejor, si me hubiera dedicado de manera más frecuente a ejercer como abogado o al servicio público, actividad a la cual me dediqué eventualmente en el campo del Registro de las Personas y en materia electoral, campo en el cual fui presidente del organismo electoral en el cual me desempeñé también como consultor. Pido disculpas a mis lectores por esta larga relación de datos sobre mi vida, pero no quise retirarme en silencio de la docencia.

benjamí[email protected]