Estamos irremediablemente ante una sociedad colapsada, con tantos actos de violencia, asesinatos, violaciones a menores, ultrajes a mayores de edad, corrupción en casi todas las oficinas de gobierno y entes descentralizados, y esto producto de la falta de valores morales y espirituales; se perdió el amor al prójimo y el temor a Dios.
Desgraciadamente la juventud ha crecido a la deriva; en los hogares ya no se instruye al joven con valores morales, ni espirituales como en antaño. Aún aquellos jóvenes que pertenecen a las iglesias tanto católicas, como evangélicas y otros que predican en grupos formados en casa, tienen doble personalidad: una cosa es dentro del grupo y otra el comportamiento en la comunidad, no son capaces de brindarle una sonrisa o un saludo a los vecinos, la soberbia se les nota a leguas, predican el evangelio del Señor, y su forma de ser, solo dan a demostrar que son un falso testimonio.
Una sociedad, donde el núcleo principal que es la familia, está desorientada, está destinada al fracaso, y lo que más la juventud que es la base del futuro, está influenciada tanto por las redes sociales, que es más fácil que busque el camino a la delincuencia y las drogas, que buscar caminos de superación a través del estudio, para llegar a ser sujetos útiles a su familia y a la sociedad.
Que Dios no aparte los ojos de nuestra querida patria Honduras, y que encontremos caminos de armonía entre los hondureños, en vez de querernos destruir por ideologías políticas absurdas y que cada día nos llevan al despeñadero.
Adalid Maradiaga Z.
Tegucigalpa, M.D.C.