AQUÍ fue para aplacar el movimiento de las antorchas. En Quito la pugna encarnizada entre el actual mandatario y su antecesor –quien fuera su mentor y aliado, ahora prófugo en Bruselas renegando de una implacable persecución política– ha sido lo que ha obligado a que el gobierno instale una comisión internacional de lucha contra la corrupción, alias CEICCE. Escándalos de corrupción –que involucran la gestión del exgobernante pero también la revelación de supuestas cuentas en paraísos fiscales del actual– acrecientan la crítica al gobierno de Lenín Moreno acusándolo que poco o nada ha hecho por enfrentar el flagelo. En Ecuador la publicación de los “INA Papers” que salpican a Lenín por asociación con su hermano, fue la revelación de Wikileaks que, presumiblemente, le costó a Julian Assange, asilado en la embajada ecuatoriana en Inglaterra, perder la protección del actual gobierno.
Se dice que las revelaciones sobre esa cuenta de su hermano –de supuesto dinero sucio– depositada en un banco de Panamá, enfurecieron al mandatario ecuatoriano. En una conferencia de prensa arremetió contra el australiano, acusándolo de violar los términos de su asilo diplomático, comentando que en ocasiones tapizaba “con sus heces las paredes de la embajada”. “Que ese puerco, no merecía quedarse allí un día más”. Se hicieron virales las imágenes cuando la autoridad expulsa al conflictivo programador de Wikileaks de la residencia del embajador donde se refugió por espacio de varios años, prácticamente sacándolo arrastrado. Así que, siguiendo la misma ruta de los gobiernos huérfanos de credibilidad que ocupan la validación de instituciones fiscalizadoras extrañas, a las que la opinión pública acredita mayor confianza, Ecuador va a estrenar una comisión contra la impunidad, con una secretaría técnica dependiente de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD). Similar a la CICIG que, también dependiendo de la ONU, le recetaron a Guatemala y a la MACCIH que la OEA instaló en Honduras. Mientras, en Guatemala, ya de salida, el mandatario –blanco del temido fiscal colombiano que ha querido mandarlo de compañero de celda del “general mano dura”– dio por finalizado el mandato de la controversial comisión que funciona como sombrero de la fiscalía. Con férrea resistencia del Secretario General de la ONU, de sectores de la sociedad guatemalteca que imploran el regreso de “Iván el Terrible” y que “cuidadito los vaya a dejar solos”, no ha podido cortar de tajo la CICIG. Más bien la exfiscal, ahora metida a la política, ha prometido traerla de vuelta de ganar la carrera presidencial. En El Salvador el nuevo gobierno ha solicitado a la ONU apoyo para montar una comisión contra la corrupción parecida a las otras que ya funcionan en esos otros países.
Una curiosidad sobre esa comisión escudriñadora que operará en Ecuador. Para que tome nota el amable público que mientras aquí es menester traer peruanos, uruguayos, brasileños, mexicanos, canadienses, norteamericanos, chilenos, en fin, de cualquier otro lado que no sean los nacionales, que vengan a suplir la falta de confianza en las instituciones domésticas, allá en Ecuador, vaya ironía, se coló un hondureño entre los expertos internacionales que la integran. Lo acompañan en su feroz cometido, por el momento, un estadounidense, un español, una guatemalteca y un brasileño. Así que ahora el turno es de Ecuador. También allá, según se intuye, hay vacío de credibilidad en lo propio. Espacios que solícitos y complacidos, llena la burocracia internacional. Así las cosas, las comisiones caen de afuera para quedarse. Sirven como bálsamo a las inseguridades internas. Si las mandan y si las piden en otras partes, menos para que donde ya haya, en cómoda estadía, vayan a dejar que se vayan.