– Salir cuanto antes –
En el Aeropuerto Internacional de Colombo, los viajeros nerviosos y agotados esperaban en la cola, mientras los soldados fuertemente armados vigilaban la entrada principal y varios accesos. El objetivo de los turistas es salir lo más rápido posible de Sri Lanka.
Martin Ewest, un profesor alemán de 44 años, llegó a la isla hace unos días para pasar unas vacaciones relajadas con su esposa y su hija de 12 años. Desde los ataques, «queremos irnos lo antes posible», dijo.
Lamentó que la embajada no ofrece ayuda porque están de vacaciones, la aerolínea dice que no puede hacer nada y el hotel tampoco ayuda. «Es una situación difícil, somos objetivos fáciles, hasta que podamos irnos la próxima semana».
Un paquistaní de 33 años había llegado con la idea de viajar por el país «pero ahora tenemos miedo». «Solo queremos irnos, estas son unas vacaciones arruinadas», indicó.
En los hoteles se percibía la ansiedad de los huéspedes, sobre todo en los hoteles frente al mar en Colombo, donde están la mayoría de los 5 estrellas y que el lunes estaban bajo estrechas medidas de seguridad.
– Recuerdo de la guerra civil –
Las autoridades esrilanquesas anunciaron la detención de 24 personas e indicaron que el FBI les ayudaba en la pesquisa. Interpol también desplegó un equipo de investigadores.
La policía indicó que había hallado 87 detonadores en una estación de autobuses en Bastian Mawatha de Pettah, un barrio de la capital.
El lunes se vivieron escenas de desolación en la morgue de Colombo.
«La situación no tiene precedentes», apuntaba un responsable que guardó el anonimato. «Pedimos a los familiares proporcionar el ADN para ayudar a identificar algunos cuerpos» demasiado mutilados.
Una mujer cuyo hermano mayor murió con sus tres hijos, rompió a llorar al identificarlos uno a uno en una pantalla. El más joven de sus sobrinos tenía «solo tenía ocho meses […] ¿Qué ha hecho para merecer esto?».
Para muchos esrilanqueses, los atentados despertaron los horribles recuerdos de los años oscuros de la guerra civil entre la mayoría cingalesa y la rebelión independentista tamil.
– Ataques casi simultáneos –
El domingo por la mañana se registraron las seis explosiones en un corto lapso y por la tarde dos más en Sri Lanka, destino turístico muy apreciado por sus playas idílicas y su naturaleza salvaje.
En la capital, tres hoteles de lujo ubicados en la costa -el Cinnamon Grand Hotel, el Shangri La y el Kingsbury- y la iglesia de San Antonio fueron atacados por kamikazes.
También estallaron bombas en la iglesia San Sebastián de Negombo y en otra de la ciudad de Batticaloa, situada en la costa oriental de la isla.
Unas horas después se produjeron dos nuevas explosiones, la primera en el hotel Dehiwala, en un suburbio de Colombo, y la segunda en Orugodawatta, en el norte de la capital.
Desde el Vaticano a Estados Unidos, pasando por India, el mundo condenó unánimemente los atentados. El presidente estadounidense Donald Trump presentó el lunes sus condolencias al primer ministro esrilanqués Ranil Wickremesinghe.
Unos 1,2 millones de católicos viven en Sri Lanka, una nación con 21 millón de habitantes, 70% de los cuales budistas. El país cuenta también con 12% de hinduistas y 10% de musulmanes.
(AFP)]]>