SIN duda que ha sido escalofriante, tanto el acto de quitarse la vida, como la carta lapidaria leída por una de sus hijas en el funeral, que dejó el expresidente peruano antes de suicidarse, disparándose un tiro en la cabeza, en el momento que la policía llegaba a su casa de habitación a capturarlo, atendiendo orden del juez de allanamiento y de detención preventiva para responder por presuntos delitos de corrupción. Para dar un criterio distinto al que suena cotidianamente –en los twitters, declaraciones a la prensa y reacciones por las redes sociales– relativo a imputaciones contra funcionarios públicos sospechosos de mal manejo de los caudales públicos, recogemos lo expresado sobre el difunto que sintetiza el parecer de miles de sus partidarios que conmovidos, con lágrimas en los ojos, lo acompañaron a su última morada. “Para el exmandatario –decía un diputado del APRA– tan preciado como la vida, era también la honra, la dignidad, la defensa de la libertad, porque él fue un demócrata a carta cabal, él fue dos veces presidente constitucional, y nunca, pese a que hubieron insinuaciones, se quedó un día más, aparte de los plazos constitucionales; respetó la libertad de prensa, pero hoy día asistimos a una justicia mediática, del espectáculo; que se condena en vida, que mata la honra en vida… y eso tenemos que proscribirlo del país, tenemos que afirmar la defensa de los derechos fundamentales”. Claro que a contrario sensu otros censuraron la fatal decisión de tomarse su propia vida remarcando en el aforismo popular “quien nada debe nada teme”. Para que el amble lector forme su propia conclusión transcribimos la carta que dejó a los suyos el expresidente, leída en el sepelio –entre sollozos y aplausos entrecortados– por una de sus hijas: “Cumplí la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos otra vez su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia, teniendo raíces en la sangre de ese movimiento”. “Por eso, y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarme durante más de 30 años. Pero jamás encontraron nada, y los derroté nuevamente, porque nunca encontrarán más que sus especulaciones y frustraciones”. “En este tiempo de rumores y odios repetidos, que las mayorías creen verdad, he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar o vejar, y no para encontrar verdades”. “Por muchos años me situé por sobre los insultos”. “Me defendí, y el homenaje de mis enemigos fue argumentar que Alan García era suficientemente inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias”. “No hubo ni habrá cuentas ni sobornos ni riqueza, la historia tiene más valor que cualquier riqueza familiar. Nunca podría haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano. Por eso repetí, otros se venden, yo no”. “Cumplido mi deber en la política y en las obras hechas en favor del pueblo, alcanzadas las metas que otros países o gobiernos no han logrado, no tengo por qué aceptar vejámenes. He visto a otros desfilar esposados, guardando su miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos”. “Por eso, le dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones. A mis compañeros, una señal de orgullo; y mi cadáver, como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios, porque ya cumplí la misión que me impuse”. “Que Dios, al que voy con dignidad, proteja a los de buen corazón y a los más humildes”. (Fin de la misiva). Se supo que un juez dictó tres años de cárcel por “lavado de activos” al expresidente Pablo Kuczynski, de 80 años de edad –quien renunció de su cargo por imputaciones de índole parecida– en momentos cuando se encontraba hospitalizado en una clínica recibiendo atención médica por problemas cardíacos.]]>