Marchas y caravanas

Por: Rafael Delgado Elvir Economista. Catedrático universitario Son palabras que han marcado la vida del país en los últimos años. Por eso se ubicarán en la historia como dos manifestaciones contundentes de respuesta a la situación económica y política que padecemos. En un futuro no podremos hablar de estos oscuros tiempos por los que pasamos sin mencionar la caravana de los migrantes y las marchas de las antorchas. Han sido eventos que sin duda alguna nos han sorprendido por su forma sencilla de constituirse y clara de manifestarse. En ambos casos, la convocatoria fue simple, sin grandes recursos, ni costosas estructuras de movilización. Se activaron respondiendo a la voz que se regó, a mensajes que se propagaron de forma exponencial y cayeron en tierra fértil. Las marchas de las antorchas es un movimiento de protesta cívica que surgió de una manera muy diferente a las acostumbradas movilizaciones que hemos vivido en el país. Respondía al descontento profundo de la ciudadanía que veía cómo al país se lo comía la corrupción y no pasaba nada. Fueron miles de hondureños que en diferentes ciudades del país desfilaron por las principales calles durante varios meses, para denunciar los escándalos de corrupción del gobierno de Lobo y JOH, exigiendo la instalación de un mecanismo efectivo de lucha contra la corrupción ante el silencio y la complicidad del sistema judicial y político del país. Se trata y continúa tratándose de trabajadores, profesionales, técnicos, estudiantes y pequeños emprendedores todavía con las fuerzas para demostrar rechazo a lo que ocurre; gente que si bien es cierto no pertenecen a los sectores que con más fuerza han sentido la puñalada de la pobreza, son sectores que sienten las grandes desigualdades y las injusticias del país. Las caravanas de migrantes es otra forma de protesta que toma fuerza en el gobierno inconstitucional de JOH. Surgió igualmente de una manera casi espontánea, captando inmediatamente la atención de miles de hondureños que han perdido las esperanzas de un mejor futuro. Para esta gente no hay nada que los detenga. Aglutinan a los sectores más golpeados de la sociedad que han perdido todo o casi todo y no tienen miedo de emprender un camino difícil e incierto como lo es la emigración irregular. Hartos de hospitales públicos sin medicinas y sin una atención de calidad; cansados de las chambitas de un par de horas y de temporada; escapando de la violencia de los barrios, cansados de la propaganda oficial que promete cambios y nunca llegan. Los que emigran en las caravanas son organizados por la desesperación y por un par de mensajitos electrónicos que los convoca a reunirse en tal fecha en la estación de buses de San Pedro Sula. Los que gobiernan ilegalmente no entienden el carácter y la fortaleza de estas movilizaciones sociales. Esperan un desgaste, o que quizá pasen de moda. JOH se acuerpa respaldado por un Poder Judicial a su medida, un Congreso Nacional obediente y una Fiscalía sumamente tolerante. Ebal Díaz, el que con gusto y arrogancia pone la cara para caer en el ridículo papel de defender lo indefendible, asegura que forma parte de un gobierno democrático que permite las expresiones opositoras. Es más, las acusaciones que se presentan contra la corrupción y que chocan con el silencio cómplice de las autoridades judiciales, son para este vocero, precisamente una evidencia de ese supuesto Estado de Derecho. Wilfredo Cerrato, programado para repetir cifras y ejecutar lo que le dictan, pese a las marchas y caravanas, está convencido que vivimos en un país con una formidable estabilidad económica y un sólido crecimiento económico. En fin, un gobierno blindado en todos los sentidos y al que no se le augura un final honroso. [email protected]]]>