Por: José Antonio Mejía y Mejía La Semana Santa es parte de la herencia española; la imposición de usos, costumbres, idioma y religión que sustituyeron poco a poco las civilizaciones precolombinas. Con el tiempo, en un proceso lento y doloroso, nuestros ancestros toleraron la imposición a tal grado que hoy se considera como propio el idioma, la religión, la forma de gobierno, estilos arquitectónicos y también que muchos llevan una pizca azul en su torrente sanguíneo. Si eso no hubiera ocurrido no sé en cuál idioma o en ninguno estuviera escribiendo este artículo. A lo que queremos referirnos es a una parte de la celebración de la semana, desde la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, su vida, pasión, muerte y resurrección y ascenso a los cielos. Por supuesto que el hecho consumado por Judas es abominable, reprochable y digno, según sus censores, del repudio por los siglos y los siglos. En mi pueblo, San Nicolás, Santa Bárbara la figura de Judas tenía una variable: como el gran testador, dejando herencias y legados a importantes personajes de la vida social de San Nicolás, esto se hacía hasta hace algunas décadas, mediante la confección de un “pichingo” de forma humana, usando pantalones, camisa, faja, sombrero, lentes, pistola al cinto, todo el cuerpo estaba relleno de zacate y hojas de plátano secas. El sábado el “pichingo” aparecía colgado de una de las torres de la iglesia, donde estaba el campanario o de las ramas del Anacahuite, venerable caballero esmeralda que luce en el mero corazón de la plaza central del municipio. Ahora lo bueno y lo temido del testamento: para una mejor comprensión vamos a insertar un testamento del año l960:/ Yo soy Judas Iscariote/ nacido en el Guayavito/ bautizado en La Maqueta/ fue mi padrino Dorito/ y mi madrina Anicete/ mi educación exquisita/ tal vez no tenga rival/ fue mi profesor Miguel el de Rita/, cuando trabajaba en El Pinal/. A continuación, las herencias y legados: Según el grado de parentesco. Se leía en las cuatro esquinas de la plaza. El entonces jefe de la Guardia Civil, don Wenceslao Caballero, que también era heredero, daba la protección ante posibles reacciones de algún heredero o legatario. Leamos: A mi nieto Salvador Pando/ que parece patas de danto,/ cuando me desgarren en la plaza/ que recoja mis zapatos paque no se espine tanto./ A don Fidel Caballero/ que es el dueño de “La Peña”,/ desde aquí le hago una seña/ para que al vago de “Neco”/ lo mande siquiera a traer leña,/ a mi sobrino Heriberto Vega, de la rama cultural/ hay le dejo mis zapatos para que vaya a investigar a la Cueva del Masical./ A los profesores urbanos y rurales/ les hago un llamado formal/ que remienden mis calcetines que están rotos del calcañal, etc. Terminaba el testamento con un llamado a la quinceañera, solteronas y viudas que tuvieran cuidado con los viejos verdes salta tapiales. A la memoria de todos los personajes que menciono en este artículo, especialmente al bachiller Noé Caballero, al profesor Omar Caballero Reyes, recientemente fallecidos y un saludo a don Grevil Caballero Reyes, que colaboraba con estas celebraciones y también de mi hermano Ramon Antonio Mejía Mejía que era el encargado de traer del potrero al burro que gentilmente prestaba doña Feliciana Leiva, sobre el cual cabalgaba don Judas Iscariote.]]>