Por: Marcio Enrique Sierra Mejía Ángela Marieta Sosa Veroy “A propósito de las mujeres”, es un artículo que trata de instalar en el imaginario social, la comprensión de un debate necesario que debe producirse en la sociedad hondureña, a raíz del interés manifiesto que existe alrededor de la aprobación del Nuevo Código Penal que regula la penalización de las violencias contra la mujer. En este artículo se da rienda suelta al contenido de un debate que consideramos puede aportar una orientación a los ideólogos del Nuevo Código Penal. Aproximarnos y conocer los elementos específicos de la violencia contra las mujeres es propio del contexto sociocultural en el que se produce. Las características de las normas culturales y el papel que el género juega en la conducta violenta del hombre que estamos analizando, podemos resumirlos en los siguientes puntos: La violencia funciona como un mecanismo de control social de la mujer y sirve para reproducir y mantener el statu quo de la dominación masculina. De hecho, las sociedades o grupos dominados por las ideas “masculinas” tienen mayor incidencia de agresiones a la mujer. Los mandatos culturales, y a menudo también los legales, sobre los derechos y privilegios del papel de la pareja o marido, han legitimado históricamente un poder y dominación de este sobre la mujer, promoviendo su dependencia económica de él y garantizándole a este el uso de la violencia y de las amenazas para controlarla. La conducta violenta frente a la mujer se produce como patrones de conducta aprendidos y transmitidos de generación a generación. La transmisión se hace fundamentalmente en los ambientes habituales de relación. Las mismas normas sociales minimizan el daño producido y justifican la actuación violenta de la pareja o el marido. Se intenta explicar atribuyéndola a trastornos del hombre o, incluso, de la mujer. Por mucho que el hombre tenga problemas de estrés, de alcohol, de personalidad, curiosamente la violencia solo la ejerce sobre la mujer, no contra un conocido o amigo, y, por supuesto, nunca contra su jefe. También influyen toda la serie de mitos antes recogidos que perpetúan la violencia y niegan la asistencia adecuada a estas víctimas. El modelo de conducta sexual condicionado por el papel de los géneros también favorece en algunos casos la existencia de una actitud violenta contra la mujer al tratarse de un modelo androcéntrico. Existen una serie de factores que favorecen esta agresividad, entre los que se encuentran: Los patrones de hipermasculinidad, el inicio de un mayor grado de relación sentimental, la duración prolongada de la relación y los modelos sexuales existentes, que contienen una tensión intrínseca entre hombres y mujeres, creando la posibilidad o las condiciones para que se produzcan errores en la comunicación que desemboquen en una situación de violencia frente a la mujer. Por el contrario, el alcohol, tantas veces esgrimido como causante o precipitante del maltrato, ha sido eliminado como un factor directo de este tipo de violencia. Se ha comprobado que actúa de forma general como desinhibidor y de forma particular como excusa para el agresor y como elemento para justificar la conducta de este por parte de la víctima. Partiendo de este marco, tan amplio como la propia sociedad, pues en realidad lo que hemos hecho no ha sido acotar el terreno que da lugar a la violencia, sino lo contrario, romper con las barreras que lo limitaban a determinados contextos para presentarlo como un problema social, pero con una serie de matices diferenciales. Para conocer cuáles son las causas reales de la agresión a la mujer y diferenciarla de otro tipo de violencia interpersonal, tenemos que irnos a los cimientos de la conducta humana, a su origen y nacimiento. Toda conducta, no solo la violenta, tiene dos componentes fundamentales, el instrumental y el emocional. El primero de ellos incluye a los objetivos y motivaciones del acto que se realiza, es decir, el porqué y el para qué de dicha conducta, o sea, qué pretendemos conseguir con ella y qué es lo que nos mueve a realizarla. Por su parte, el componente emocional se refiere a la carga afectiva -positiva o negativa- que ponemos al llevar a cabo dicha conducta, que puede ser con más o menos entusiasmo, rabia, odio, alegría. Al analizar la agresión a la mujer considerando estos elementos vemos que se trata de una conducta totalmente distinta al resto de las agresiones interpersonales. Y como tal deberá ser considerada y tratada. Finalmente, cualquier violencia es injustificada, pues simplemente no debería utilizarse, pero si analizamos las circunstancias en las que se produce la violencia, encontramos que, dependiendo del tipo y contexto en el que surge, existe una especie de umbral a partir del cual la agresividad y la hostilidad se transforman en violencia.]]>