AQUÍ no es como en otras plataformas digitales donde dicen compartir la angustia que aqueja a nuestros compatriotas, solo cuando el tema tiene exposición de escándalo o sirve para la promoción política. Nos aflige –como siempre nos ha apesarado– la penuria que pasan y los sacrificios que hacen esos miles de compatriotas, sea que se hayan ido solitarios o acompañando a otros en caravanas, estancados en territorio mexicano, a la mano de Dios, en su lucha por la vida. Nos inquieta la ansiedad que los agobia, como lo que vaya a sucederle a otros hondureños que ya cruzaron la frontera –que trabajan duro y decentemente, procrearon familia, educan sus hijos, apoyan a los suyos con remesas– cuya suerte depende de una solución definitiva, justa y humanitaria de las leyes inmigratorias en los Estados Unidos. Pero igual nos entristecen los apuros de cientos de miles de familias caficultoras, con su futuro arrinconado a la pared, por la caída de los precios del grano en el mercado internacional. Hay factores que influyen en lo local que son exógenos. Caen los precios del café cuando se dispara el precio del barril del petróleo. Para satisfacción de los alagartados del odioso cartel de la OPEP, pero para calamidad de estas economías descalzas. Subió la tarifa de la luz y el galón de gasolina ya casi cuesta los 100 lempiras. Aquí nada resulta fácil. Obligadamente hay que ver cómo llegar a una negociación con las aves agoreras. Porque sin un acuerdo con el FMI las instituciones de crédito internacional no siguen prestando. Pero no hay que hacerse ilusiones que la burocracia internacional vaya a priorizar en la inversión del capital humano. O en la reducción de la pobreza. El FMI –como en otras ocasiones, esa es su política y su mentalidad– exige correctivos con medidas de contracción de la demanda. Solo que la nuestra es de subsistencia. No es como en otras partes, de tanta abundancia que hay que se derrocha. Aquí se ocupa propiciar estímulos a la producción; que los desequilibrios se arreglen por el lado de mejorar la oferta disponible de bienes y servicios no de castigar la demanda hasta asfixiarla. ¿Por qué creen que la gente emigra? ¿Por qué aquí hay suficientes trabajos? La forma de generar fuentes de empleo es estimulando la inversión y la iniciativa privada. Los empresarios deben hacer lo propio. No hay que depender solamente de la iniciativa pública. Y claro que hay que corregir los desequilibrios en la economía. Nadie alega que se deba gastar a manos llenas lo que no se tiene. Solo que con los señores del Fondo tenemos una discrepancia de fondo. Nuestro enfoque aboga por estimular las actividades productivas para ensanchar la oferta, un modelo de crear riqueza y bienestar –para no tener que repartir pobreza– y el otro extremo, la receta de ellos, la de recortar la demanda hambrienta. Calculen cómo puede andar la producción nacional cuando más de la mitad de lo que el país consume –alimentos, vestuario, insumos, materia prima, carburantes, esencialidades, etcétera– viene de afuera. Si el país es deficitario en su balanza comercial con casi todos los países con que comercia, incluyendo los del área centroamericana. ¿No se han puesto a analizar esos expertos de la burocracia internacional que si no se invierte en el desarrollo humano nunca van a salir estos países de su secular atraso? Ojalá y esta sea la mentalidad que prive en las actuales pláticas. Que sean comprensivos que no hay forma de avanzar en nada si no se tiene estabilidad política. Y eso es frágil, cuando las limitaciones son tantas.]]>