Con Cortez y Cabral… siempre

Por José María Leiva Leiva Alberto Cortez, autor de clásicos como: “Mi árbol y yo”, Callejero”, “A mis amigos”, “Distancia”, “En un rincón del alma”, “Cuando un amigo se va” (ya lo dijo alguien: “Porque hay hombres que entienden de música y hombres que saben de amistad y cortezas milagrosas que son bálsamo y enseñan”), “Castillos en el aire” y quien ha musicalizado entre otros a Antonio Machado, a Miguel Hernández, a Lope de Vega, a Quevedo y demás, falleció en Madrid el pasado jueves 4 de abril debido a una insuficiencia cardiaca, después de permanecer internado durante dos semanas en el Hospital Universitario Puerta del Sur, en la localidad de Móstoles. Tenía 79 años de edad. De tantas notas bellísimas que en todo el continente se han dicho, me refiero a dos, la del cantante y productor mexicano Rodrigo de la Cadena, que escribe: “El cantor de las simples cosas supo vestirse de diferentes prendas, sus pies calzaron los zapatos del alma sabiendo ser él cada uno de nosotros. Ese ser irremediablemente sensible por la naturaleza de su condición bohemia… y es que el embrujo de su glosa y el hechizo melódico de su inspiración hacían que una canción suya nos llevara, inexorablemente a la otra, descubriendo en cada libación del elixir exquisito de su poesía al ser humano asombroso que desnudaba su propia existencia a través de las vivencias de los demás”. “En el amor, nuestro incansable trovador nos reinterpreta a nosotros mismos con la esperanza de abrir ventanas fabulosas abrevando en cada romance, haciéndonos llegar una rosa cada día, una rosa que hoy el mundo de habla hispana exige urgentemente a manera de esa silente compañía porque hoy, a solas, más que nunca nos duele la nostalgia. Alberto se bebió de golpe todas las estrellas, se quedó dormido y ya no despertó”. https://www.excelsior.com.mx/ Y dos, un compendio que me compartiera la doctora Mayra García, de autor desconocido que utilizó como esencia los títulos y algunas letras de sus emblemáticas canciones. Juzgue usted caro lector esta bellísima pieza: “Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío”, y “a partir de mañana” nos toca recordar a Alberto Cortez. Ya no tendremos quien nos “construya castillos en el aire”, hoy dijo adiós para siempre pero vivirá en nuestros recuerdos y “en un rincón del alma”. Le doy “gracias a la vida porque nos dio la palabra hecha poesía y la poesía hecha canción en la voz del “callejero”, que sin importar “la distancia” nos dio “una vueltita más” “como el primer día” le cantaste al “abuelo” y a la paternidad de Moncho y te llegó “la vejez” al dejar “la puerta abierta”. Adiós Alberto, de ti supe ser Cortez sin dejar de ser valiente”. Agrego, que fue Alberto Cortez quien popularizó el himno del caminante, “No soy de aquí ni soy de allá”, canción compuesta por Facundo Cabral, hecho que fortaleció una larga amistad entre ambos poetas y filósofos que hoy tanto añoramos, y que les llevó a grabar unos cuatro discos juntos. Entre estos “Lo Cortez no quita lo valiente”, que promocionaron en una larga gira que inició el 5 de mayo de 1994 y se extendió por cuatro años actuando en varios escenarios mundiales, entrelazando humor y poesía con las canciones que les hicieron famosos, incluyendo además de las descritas líneas arriba, otros grandes éxitos como “Pobrecito mi patrón”, “Yo quiero ser bombero” o “Este es un nuevo día”, que emocionaban por igual con sus letras contundentes. A partir de entonces el nombre de Facundo y Alberto no se pueden desligar. Tras la violenta e inesperada muerte de Facundo (a los 74 años de edad) en la madrugada del 9 de julio de 2011 en ciudad de Guatemala, víctima de un atentado mafioso dirigido al empresario (Henry Fariña) que lo llevó de gira, Alberto Cortez, escribió: “Una bala de hielo te cegó la voz y la violencia sicaria se frotó las manos de matar. Tu sangre derramada en la tierra lejana germina en el asombro de la sinrazón. Desata una tormenta de crespones negros de rabias sin consuelo de condenas sin destino. De amarguras sin techo y sin refugios. Dolor hasta los tuétanos, dolor hasta el meollo del dolor, dolor entero, sin fisuras. Maldita sea la bala de hielo que cegó tu voz y nos dejó ciegos”. En el sitio https://pulperiaquilapan.com/, leemos: “Facundo Cabral, hombre de sabiduría intensa, de arte sincero, supo encauzar las palabras para dejarnos pensando. Música y compromiso… Incansable defensor del amor y la solidaridad, apasionado de la música folklórica, trabajador incansable, viajante crónico. Filósofo, escritor, vivo. Facundo Cabral, un observador incansable de todo lo que lo rodeaba, que consiguió incomodar a muchos y conmocionar a casi todos. Su vida tomó un rumbo político casi sin quererlo, y su música demostró que aunque su autor ya no esté, lejos de ideologías y partidismos, a la gente solo le queda la música. No es poco”. Ya lo decía Facundo Cabral: “Bienaventurado el que sabe que compartir un dolor es dividirlo y compartir una alegría es multiplicarla”. Ambos nos dieron cátedra de estas bienaventuranzas, cargadas de sabiduría y formación humanista. De aquí nuestro profundo reconocimiento y sempiterna gratitud.]]>