Iglesia Católica pide reconocer los pecados y no juzgar a nadie por sus actos 

El párroco de la Iglesia Catedral Metropolitana, Juan Carlos Martínez en su homilía dominical se refirió al relato bíblico sobre la conocida historia de la mujer adúltera que es salvada por la mirada de Jesús.  “Necesitamos escuchar esas palabras de Jesús sobre la mujer sorprendida en adulterio: tampoco yo te condeno, es decir, comprendo el sufrimiento que está detrás de tu soledad, comprendo lo que vives, se tu vació, de insatisfacción, Jesús añade, anda y en adelante no peques más, vete con la alegría de saber que alguien te ha mirado con ojos de amor”.  Destacó que cómo necesitaríamos también que alguien nos dijera a cada uno, yo tampoco te condeno y sentirnos liberados de nuestro sentimiento de culpa y de indignidad en que a veces estamos sumergidos.  Se preguntó cómo es nuestra postura ante las debilidades propias y ajenas “andamos condenando y desde arriba juzgando a los demás o nos inclinamos hasta el polvo poniéndonos al nivel de todas las debilidades humanas, cual es nuestra postura sobre el pecado, es increíble, resulta que donde nosotros vemos pecados, Jesús descubre un sufrimiento, un grito de soledad.   “El, Jesús es el único capaz de mirarnos en el fondo de nuestro corazón, en su mirada no hay condena, solo hay amor y ternura, yo tampoco te condeno, el comportamiento de Jesús con esta mujer nos revela, el verdadero rostro de Dios, que es amor”, señaló.  Reiteró que “en Jesús resplandece el rostro del amor y de la misericordia de Dios sobre todo ser humano, quien nos enseñara hoy a mirar a ver a la mujer con esa mirada de Jesús.  Una de las verdades fundamentales del cristianismo es esta, lo que salva es la mirada, la mujer adúltera es salvada por la mirada de Jesús, esta mujer y todo ser humano, somos salvados por una mirada de amor que nos manifiesta nuestras verdadera posibilidad, la mirada de Jesús es creadora que nos llama siempre a la vida, a la felicidad y a la santidad.  En este domingo estamos ante él, estamos reconociendo nuestras faltas, nuestros pecados, no juzguemos a nadie, no condenemos a nadie, hoy como aquella mujer con nuestra fragilidad estamos ante la solidez del amor de Dios y nos volvemos a él para decirle Señor Jesús en medio de nuestras dificultades, en medio de nuestras penas intimas y culpabilidades venimos ante ti, para dejarnos ver con tus ojos llenos de amor y de ternura, ten piedad y misericordia de cada uno de nosotros, no mires nuestros pecados.        ]]>