Liderazgo de opinión

Por: Benjamín Santos Honduras es un país de todólogos. Todos opinamos sobre todo, aún cuando no sepamos de la misa la media como dice un refrán popular. Especialmente quienes emiten sus opiniones por las redes sociales, por la radio o la televisión, tienden a decir cualquier cosa cuando analizan un tema o una situación de la realidad. Desafortunadamente el pueblo tiende a tomar como verdad todo lo que se dice en los medios. Algo distinto ocurre con el periodismo escrito. Por lo menos en este caso hay que cuidar un poco el idioma y eso obliga a detenerse un poco más en analizar lo que se va a decir y cómo. Envasar ideas y sentimientos en un lenguaje comprensible, hasta elegante. Requiere un esfuerzo que obliga a pensar lo que se va a expresar. Por supuesto que también en este caso hay mucho que corregir para llevar al lector pensamientos que clarifiquen en vez de confundir más al lector. Los líderes de opinión en todos los países no son muchos. Necesitan ser expertos en el campo en el cual pretenden ser líderes como la economía, la política, la religión y la convivencia social. Es imposible dominar todos los campos del saber para referirse a lo que ocurre en la realidad con la posibilidad de orientar al lector o al oyente en general. Solo en Honduras sucede lo contrario. Hay personas a quienes se les puede preguntar sobre todo y dan una respuesta a todo con la actitud prepotente que da el saberse sabio. Lo hacen con una seguridad que convence, pero lo dicho no resiste un análisis de un profesional que conozca el tema o la materia de que se trate. Líderes de la opinión pública son quienes solo emiten sus criterios cuando se les consulta o necesitan expresarse para decir algo que oriente y que los oyentes y lectores escuchan o leen con la seguridad de que obtendrán una orientación valiosa sobre algo que vale la pena y que forma parte del debate nacional. Por supuesto que el derecho a la libre opinión protege a todos los que quieran expresar algo, siempre que lo hagan con respeto y consideración a la dignidad de los demás. Hay voceros de la opinión pública a quienes los periodista entrevistan hasta el cansancio, porque necesitan llenar los espacios y no hay muchos que quieran emitir su opinión para el público sobre la problemática nacional. No hay muchos a quienes les guste hablar por hablar, solo para aparecer en los medios. Y a ese grupo reducido se acude siempre, porque los mismos están dispuestos a opinar sobre fútbol que sobre economía o política. La realidad se ha vuelto compleja. Hay una vinculación estrecha entre lo económico y lo político, entre lo político y lo cultural, entre lo nacional y lo internacional. Ya no se pueden abordar los temas en forma aislada sin referencia al contexto global en el cual ocurren los hechos. Honduras ha tenido y tiene conductores de la opinión pública que se expresan a través de editoriales de los informativos y un grupo selecto de comentaristas de respeto que al escucharlos se obtiene la orientación que a veces se busca sobre algún problema nacional o internacional. Al contrario, hay que rehuir la opinión sesgada, sectaria o las opiniones que ofenden la dignidad nacional o la dignidad de las personas por algún prejuicio y odio, esté justificado o no. Una cosa es emitir opiniones en privado, en el aula de clase o en el grupo de amigos, porque pueden responderse de inmediato en caso de no estar de acuerdo y otra cosa es hacerlo por los medios de comunicación para el público. En este caso hay que estar seguro de que lo que se dice tendrá alguna utilidad y que se hace bajo las normas del respeto y de la ética en general. Todo porque la opinión pública no debe ser una cloaca que en nombre de la libre opinión recibe cuanto desecho se le ocurra a alguien como desahogo a las frustraciones personales. Todo debe pasar por la calidad. Echamos de menos el tiempo en que el debate público era alimentado con la opinión de personalidades de gran respeto en todos los campos de la vida nacional. benjamí[email protected]]]>