José María Leiva Leiva
Inspirada en la Unidad de Operaciones Especiales de la Real Armada de Malasia, Netflix acaba de estrenar “Paskal” (considerada como la producción más cara en la historia cinematográfica de Malasia) o Pasukan Khas Laut (Marina de las Fuerzas Especiales), dirigida por Adrian Teh, una película de acción que sigue los verdaderos acontecimientos del teniente comandante de PASKAL Arman Anwar (interpretado por Hairul Azreen) y la misión de su equipo para rescatar a un buque cisterna, MV Bunga Laurel, que fue secuestrado por los piratas somalíes en 2011.
Pero Arman Anwar (uno de los mejores agentes de Paskal), deberá atravesar una odisea impensada que al final lo llenará de honor. Entre la espada y la pared, Arman se encuentra en un dilema entre servir a sus compatriotas o cuidar de la salud de su madre, que vive atormentada por la muerte de su esposo, quien murió sirviendo al país, y teme, por tanto, que su hijo corra la misma suerte.
Decidido a cambiar la acción por el entrenamiento a las futuras generaciones de Paskal, Arman es encomendado a una última misión: dar captura a uno de los principales líderes piratas que aterrorizan los barcos en alta mar. Sumado a ello, tendrá que enfrentarse con un antiguo compañero de Paskal, que habiendo sido dado de baja deshonrosa de la institución se pone de lado de la criminalidad organizada, lo que provocará que Arman reflexione sobre su verdadera identidad y su razón de ser.
De acuerdo con los críticos malayos, la película ofrece la excelente “oportunidad para conocer la realidad de las fuerzas armadas del país y su combate a la piratería en el Mar de China, pero también de su compromiso y solidaridad al estar presentes en las misiones humanitarias de los “Cascos Azules” de la ONU”. Yo destacaría igualmente el arduo trabajo de entrenamiento con que se forman estos soldados de élite, capacitados para llevar a cabo operaciones marítimas tales como secuestro de piratas, barcos y plataformas petrolíferas.
Dichas prácticas incluyen resistencia al buceo (incluso sin aparato respiratorio para un mínimo de 7 m de profundidad); submarinismo básico (incluido el combate submarino); paracaidismo de día y noche en lugares de gran altura, es decir, colinas, edificios y sobre la superficie del océano; sobrevivir en el agua con las manos y los pies completamente atados; misiones de acción directa en terreno selvático, empleando tácticas de guerrilla, combate nocturno y técnicas dinámicas de contrainsurgencia; senderismo y supervivencia en la selva; combate cuerpo a cuerpo: Una mezcla de artes marciales malayas Silat y coreanas Taekwondo; combate en espacios cerrados; francotirador; desactivación de explosivos; búsqueda y rescate de combate; guerra urbana; especialista en Medicamentos de Combate, y uso de lenguas extranjeras para comunicarse con fuerzas aliadas, entre otras calificadas destrezas.
Compleja e intensa preparación que en todo caso habíamos estamos acostumbrados a ver en las películas estadounidenses, de las que, sin el menor esfuerzo podría citar la emblemática “Chaqueta Metálica”, de Stanley Kubrick y “G.I. Jane”, de Ridley Scott. La primera de título original “Full Metal Jacket” (1987), basada en la novela The Short-timers, de Gustave Hasford. Cuyo argumento consta básicamente de dos partes bien diferenciadas. La primera se centra en la formación de un escuadrón de marines en Parish Island, centro habitual de entrenamiento de la marina norteamericana.
Allí se encuentra el duro y castigador sargento mayor de artillería Hartmann (R. Lee Ermey), quien aplica sus estrictos métodos y sus implacables prácticas a los novatos para convertirlos en soldados fuertes y suficientemente preparados para combatir. Por supuesto, no todos los jóvenes están preparados para soportar sus métodos. Y no sólo hablamos de renunciar, sino también de quitarse la vida. La segunda parte es el plano de la acción cuando estos soldados son trasladados a luchar en la guerra de Vietnam. Sin duda, estamos frente a una gran obra cinematográfica. Una película sublime, desgarradora y excéntrica.
Así mismo, el filme de Ridley Scott, “G.I. Jane” (1977), gira en torno a los Navy Seals, las famosas tropas de élite de la marina estadounidense, en su función de ensalzar las tortuosas rutinas al cabo de las cuales un puñado de frágiles adolescentes quedan convertidos en consumados expertos del arte bélico prestos a servir a su patria. De acuerdo con la crítica, el filme exhibe “Las maratónicas jornadas de ejercicio al compás de los consabidos jingles, los chistes machistas, los malos tratos de la superioridad, atenuados a medida que los jóvenes se van templando, para concluir en una suerte de relación fraternal entre jerarcas y soldados rasos”.
La novedad, claro, es que “G.I. Jane” está protagonizada por una mujer, la teniente Jordan O’Neil (Demi Moore), quien en contra de la voluntad de la mayoría de los mandos del ejército y de la cúpula gubernamental estadounidense, accede a someterse a las duras pruebas que le otorgan la posibilidad de ingresar en la unidad especial denominada “Navy Seals”. “Este hecho sienta un precedente en el seno del ejército norteamericano. En primera instancia, Jordan O’Neil logra su propósito merced al apoyo prestado por la senadora Lillian Dehaven (Anne Bancroft). Pero a partir de ser aceptada con el rango de Teniente, O’Neil se valdrá de su instinto de supervivencia, su fortaleza física y su capacidad de superación para vencer las adversidades inherentes al desarrollo de su actividad profesional, unido a su condición de mujer”. Su implacable instructor está interpretado por Vigo Mortensen.
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Cuerpos de élite