Por Carlos Eduardo Reina Flores
Ya ratos que no aparecía en esta columna de opinión. Hubo uno que otro que se percató de mi ausencia. “Ya días no salis” –me reclamó un amigo– lo que no dejó de satisfacer, saber que –en la época de los zombis pegados a las redes sociales– hay gente que todavía lee. Es que no es fácil encontrar temas –me excusé– que no sean los mismos monótonos que nos mantienen atosigados. Pero las primeras obras periodísticas de Gabriel García Másquez me sacaron del apuro. “Tema para un tema”. “Hay quienes convierten la falta de tema –escribía el consagrado escritor antes que se le ocurriera aquello del realismo mágico– en tema para una nota periodística”. Una crítica al pensamiento de no poder encontrar un argumento para escribir. Luego expone que basta con ver la portada de un periódico para que de allí salte uno o varios temas.
En cualquier lado, si uno medita, si se detiene un instante a reflexionar, hay tema. De una plática telefónica con mi madre, me pregunta. ¿Cómo están las cosas por allá? “Caliente” –le respondo– lo que puede ser un tema sobre lo caluroso del clima, los agudos racionamientos de agua, o los incendios forestales. O sobre lo mismo de siempre, que mejor ni hablar, la otra escasez, la falta de raciocinio político enfocado al bien común, que se traduce en la incertidumbre que, aparte del humo y la ceniza, flota en el ambiente, y que mantiene a la sociedad en desconcierto.
O les podría contar a mis lectores que en este momento estoy convaleciente. Recuperándome de una tremenda gastritis por una comida de mariscos. Ya me habían dicho que era alérgico. Igual sucedió en mi graduación. Cenamos mariscos y al día siguiente no paraba de arrojar. La familia me dijo que era debido a la parranda que tuve con mis amigos. Crean o no –les dije– “yo no bebo”, no hay duda que fueron los camarones. Lo que ahora quedó comprobado. Me sirvieron un gran plato de camarones, y para no hacerles la historia tan aburrida, estuve más de una semana –por recomendación médica– a pura dieta líquida. Les relato lo anterior porque me gustó eso de repetir –cada vez que mis amigos preguntan, “Carlitos, que te has hecho”– decirles que he estado convalesciente.
Sin embargo, me repuso a tiempo para hacer un viajecito que había planificado a Panamá. Aquí para curarme, me tuvieron desayunando, almorzando y cenando puré, gelatina, verduras, nada de grasa, y de vez en cuando unos huevos tibios. Allá estuve a puro pollo a la plancha. Ni un marisco que fuera a arruinar la agradable visita. Agradecido con el gran Gabo, porque antes de pegar con el realismo mágico ya hacía magia. Descubrió que no tener tema puede ser un tema. Moraleja. Una frase de autor anónimo. “Se realista e imagina lo imposible”.