Lecciones exitosas del sector eléctrico

Por Álvaro Sarmiento

Especialista Internacional
en Comercio y Aduanas

Hace algunas semanas publiqué en esta columna, el artículo “Lecciones positivas en el sector eléctrico”, algunos lectores me sugirieron ahondar en el tema y comentar con mayor extensión el proceso de más de 20 años que vivimos en Guatemala para salir de condiciones similares a las hondureñas y contar ahora con uno de los mejores sistemas eléctricos de la región, capaz de exportar el excedente de electricidad al mercado centroamericano y mexicano.

Con demasiada frecuencia, veo en los titulares de LA TRIBUNA, el anuncio que en tales departamentos o municipios tendrán suspensión del fluido eléctrico prácticamente todo el día laboral. Posiblemente al vivir en el país la gente se acostumbra a una situación que claramente no es una condición para mejorar la competitividad y el desarrollo.

Vivir una situación similar en otros países de la región, y concretamente en Guatemala es inadmisible. La economía y mucho más perceptible las telecomunicaciones son parte esencial del mundo de los negocios, tanto para una maquila, un call center que tiene miles de jóvenes trabajando 24/7; o de la señora de la pupusería de la esquina, que depende de los mensajes de WhatsApp para recibir los pedidos que representan el 80% de sus ventas diarias.

En Guatemala, desde 1959 hasta 1996 las actividades del sector eléctrico estaban desempeñadas por dos instituciones públicas; el Instituto Nacional de Electrificación (INDE) y la Empresa Eléctrica de Guatemala. El resultado no fue muy bueno, el nivel de electrificación apenas abarcaba el 40% de hogares, eran abarcados (CIEN 2016). El crecimiento demográfico y de la industria superó a la generación y simplemente, los apagones y racionamientos comenzaron a ser cosa del día a día, hasta que la crisis decantó en una modificación normativa en el año 1996, donde el sector se abrió a la libre competencia. El resultado del modelo es bastante claro, el nivel de electrificación en 20 años pasó del 48% al 92.1%. La generación pasó de 2,318 gigavatios (1990) a 10,878 gigavatios (2016).

En pocas palabras, el marco normativo integral del sector permitió reglas claras y estables para que los inversionistas (locales y extranjeros) decidieran arriesgar su capital en pequeñas hidroeléctricas o en parques eólicos. Nadie en su sano juicio invierte sin tener al menos el cálculo que puede ganar.

Otro aspecto importante en el proceso fue el proyecto PET, asesorado por un grupo de especialistas liderados por el Premio Nobel de Economía en el 2002, Vernon Smith para diseñar la forma en la cual se licitarían los anillos de transmisión eléctrica.

El PET consiste en la construcción de más de 850 kilómetros de líneas de transmisión, 12 subestaciones nuevas y la ampliación de otras 12 subestaciones, pasando por 15 departamentos, 74 municipios y 340 comunidades de Guatemala. Según CABI, una vez finalizado, el PET generará más de 800 mil nuevos empleos, aumentando en 8,6 puntos adicionales el PIB del país en los primeros 12 años posteriores a su finalización.

Tremendo reto el hondureño, frente a un ejemplo exitoso -no perfecto- en su vecino.