Las redes de corrupción

Por Rafael Delgado Elvir
Economista. Catedrático universitario

La corrupción es una agresión a todos, independientemente de la manera y de quién la haga. Es tan reprochable cuando la comete un político, como lo es cuando lo hace un empresario o un profesional. Es igualmente nociva si viene de un funcionario de bajo rango, así como cuando procede de un alto funcionario del sector público. En todos ellos se trata de actos que se cometen abusando del poder, de la posición económica o social. Implica además una burla a los demás que se someten a la ley y a las buenas costumbres. Si seguimos indagando, no podría omitirse que es en efecto un atentado a la institucionalidad del país, que rápidamente se derrumba dejándonos en situaciones económicas y sociales lamentables.

En Honduras la corrupción se eleva a categorías superlativas de rechazo ya que se unen otras cosas. En primer lugar, se ejecuta desde redes muy bien estructuradas dentro de las instituciones públicas y la empresa privada. Como lo demuestran las acusaciones de la MACCIH y el CNA son operaciones coordinadas entre varias personas desde diferentes instituciones del Estado, conspirando día y noche a través de testaferros reclutados de la parentela, del círculo de amigos o de la militancia partidaria. Los mayores escándalos de corrupción que se han denunciado últimamente y de los cuales hay suficientes evidencias indican que, para los corruptos los deseos de enriquecimiento ilícito no tienen límite. Hay una desesperación, una urgencia por hacerse de un buen filón del presupuesto en los años que ostentan cargos. Pero ese afán descontrolado no pasa desapercibido. Por muy cuidadosos que sean los planes, finalmente los delitos al amparo del poder se van filtrando, uno por uno, hasta develar un escenario donde no cabe más duda que esa concentración de riqueza solamente pudo ser el fruto de un trabajo al margen de la moral y la ley.

Existe además otro elemento fatal: la corrupción en Honduras es una operación en las que se desvían fondos dejando abierta una necesidad que muchas veces su satisfacción define entre la vida y la muerte de los ciudadanos. El asalto al IHSS fue un drenaje de recursos que faltaron para atender las necesidades de los millones de agremiados. Faltaron para las consultas médicas, para la compra de medicamentos, para los procedimientos y las intervenciones quirúrgicas de los afiliados. Lo mismo puede decirse de Pandora, o la Red de Diputados. Se trató de recursos priorizados para sectores en pobreza que fueron utilizados para fines de las cúpulas partidarias. La Caja Chica de la Dama, según las últimas acusaciones, se relaciona de la misma forma con recursos públicos priorizados para fines de combate a la pobreza.

Pepe Lobo y JOH son dos gotas del mismo manantial. Vienen de la misma fuente contaminada con el vicio de la corrupción de la cual han bebido muchos políticos y sus cónyuges, militares, policías, funcionarios, empresarios y profesionales ligados al poder. Llegaron al poder con un país debilitado por las acciones del mismo círculo que los apoyó. Sus gestiones al frente del maltratado país, continuó esa macabra labor que ha conducido a que las redes de corrupción y narcotráfico sigan operando y fortaleciéndose desviando cantidades importantes de dinero. Eso lo indican las evidencias sobre la mesa. La MACCIH debe continuar su labor apegándose a la misión para la cual fue constituida. Y si eso se logra estaremos frente a un proceso ascendente en que cada caso de las redes de corrupción que se destape superará en cuanto a daño y burla para el país todas las anteriores. Es hora que esto ocurra ya que el perjuicio al país de la corrupción no tiene límites.