JERUSALÉN Y EL INFORME

A propósito del traslado de las sedes diplomáticas a Jerusalén, POTUS acaba de firmar un decreto reconociendo oficialmente la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, y justificó esa medida por las “agresivas acciones” de Irán y grupos “terroristas” contra Israel. El gobierno sirio estimó que el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán por parte de Estados Unidos es un “ataque flagrante” a su soberanía e integridad territorial”. La Liga Árabe en un comunicado replica que esa decisión “no es válida en su forma y su contenido” y refleja una “violación de la ley internacional”, además de “disminuir la posición de EE UU en la región y en el mundo”. “El Golán es territorio sirio ocupado, ningún país reconoce la soberanía de Israel sobre el Golán y hay resoluciones del Consejo de Seguridad (de la ONU) adoptadas por unanimidad que así lo confirman”. “Los gobiernos de Líbano y Jordania” también la rechazan, arguyendo que ello va a aumentar las tensiones en la región de Oriente Medio”.

Pendientes de los pronunciamientos de otros que entusiastas han seguido la iniciativa de Washington, como de la reacción que el tema ha generado y seguirá provocando en el mundo árabe. Mientras, la Casa Blanca celebra que el fiscal especial “no halló evidencia de que la campaña de Trump “conspirara o se coordinara” con Rusia para influenciar los comicios del 2016”. El secretario de Justicia, designado por Trump –después que el anterior dimitiera por diferencias que iniciaron desde que este se excusó de conocer asuntos relacionados con las imputaciones– recibió el informe del fiscal especial e hizo público un resumen. Anotando que el fiscal especial “no llegó a una conclusión acerca de si el mandatario obstruyó la justicia”. Los demócratas, sorprendidos por lo que se lee como una exoneración a Trump, han exigido la divulgación completa del informe, agregando que la síntesis ofrecida por el secretario de Justicia no lo exime, ya que “Mueller halló evidencias tanto a favor como en contra de la obstrucción”. O sea que es un fallo salomónico, descarta una colusión delictiva pero muestra circunspección en lo relativo al tema de obstrucción de justicia. Dicho de otra forma. Según el resumen de Barr (el fiscal general), Mueller (el fiscal especial) expuso “evidencia de ambos lados de la cuestión” y afirmó que, “aunque este informe no concluye que el presidente cometió un delito, tampoco lo exonera; pero el gobierno tendría que probar este caso más allá de una duda razonable”.

Sin embargo, la Casa Blanca inmediatamente cantó victoria. Incluso renegando. “Es vergonzoso –dijo Trump– que nuestro país haya tenido que pasar por esto. Para ser franco, es vergonzoso que su presidente haya tenido que pasar por esto”.

Fascinante todo este proceso inquisitivo que en el trayecto cobró la cabeza de varios altos funcionarios como de excolaboradores del mandatario. Entre ellos la del mismo fiscal general. La del exjefe del FBI. La de uno de los abogados de confianza de Trump y del jefe de la campaña que fueron sentenciados a prisión. Pero allá no es así nomás que cae un presidente, como le sucedió a Richard Nixon. No se fue Clinton a pesar que también fue objeto de una investigación especial y le entablaron juicio político. Ahora, cuando indagaron con Pelosi, la líder demócrata de la Cámara Baja, sobre un juicio político a Trump, respondió que “no valía la pena”, prácticamente descartando que vaya a darse esa eventualidad. Impresionante el desenlace de un escándalo allá contrastado a lo que sucede acá; donde de todo se duda y en nada se tiene confianza. ¿Qué diría el amable público de algo equivalente o parecido? O la pregunta quizás sea otra: ¿Qué no diría?