Por Boris Zelaya Rubí
“…La abolición del servicio militar obligatorio, es la causa de la descomposición que existe en el país, con el incremento de los índices de violencia y criminalidad”.
Durante el gobierno del abogado Carlos Roberto Reina, fue abolido el servicio militar obligatorio. La medida en nuestro país fue motivada por el temor al poder militar incontrolable y los golpes de Estado; pero estamos de acuerdo con un oficial retirado que manifestó muy acertadamente: …a mi criterio, ese esquema debió haber evolucionado pero no desaparecido; moldeaban el carácter de los jóvenes ociosos que andaban en la calle sin hacer nada, no estudiaban ni trabajaban, a diferencia de los hijos de familias “acomodadas” que por mantenerlos estudiando en nuestro terruño o en el exterior, se volvían intocables, los pobres simplemente eran señalados como vagos.
Ahora, con la aparición de las organizaciones criminales llamadas “maras” (según datos del exterior sus integrantes suman 36 mil), es urgente incrementar el número de agentes especiales para controlar a los que se dedican a vivir del dinero ajeno obtenido a la fuerza y amenazando a los ciudadanos que si se resisten es muerte segura. Algunos han llegado de los países vecinos, por encontrar en el nuestro mayores facilidades para sus fechorías y posiblemente prestar sus servicios delincuenciales a políticos corruptos y a venganzas de grandes “capos” del crimen organizado.
Nos referimos a este tema, al haber escuchado a varios personajes de nuestra “farándula política”, analistas cuya instrucción es leer los improperios que se difunden a través de las redes sociales o escuchar su constante y aburrida perorata, que deberíamos volver al servicio militar obligatorio, como solución al vandalismo predominante entre los jóvenes de 13 años en adelante.
Nosotros estamos de acuerdo con aumentar el número de efectivos del Ejército, sin olvidar que las Fuerzas Armadas no son correccionales, y que actualmente el que entra a formar parte de ellas lo hace voluntariamente, con vocación de servicio, además reciben instrucción y formación con un salario digno, preparados académicamente con una carrera u oficio que en el futuro servirá de base para ganarse el pan de cada día honradamente. En otros países después de servir a la patria, como premio, el gobierno les ofrece estudios gratuitos y les concede preferencia en las oportunidades de trabajo de instituciones públicas, asimismo la empresa privada les da prioridad en el otorgamiento de plazas disponibles de empleo y descuentos especiales en sus negocios.
Nuestra nación en estos momentos está convulsionada por aspirantes al poder, capaces de aprovechar la pobreza para inducir al vandalismo y al odio de nuestro statu quo creyendo que haciéndole daño a la nación, culparán a nuestro sistema de gobierno y tendrán la oportunidad de volverse dictadores de izquierda, por su retorcida ambición de verse coronados como los monarcas vitalicios de Honduras. Se aprovechan de los jóvenes ociosos que caminan por las calles viendo a quién asaltan.
Cada vez que tienen sus manifestaciones “pacíficas” o sea cuando los soldados ejercen su autoridad para restablecer el orden público, protestan exigiendo que los militares vuelvan a sus cuarteles y cuando eso sucede se quejan porque están recluidos en sus batallones sin hacer nada; todo se resume al miedo que le tienen a los guardianes del orden que no les permiten sublevar al pueblo a su antojo sin importarles cuántos pierdan la vida.
Se les olvida la paciencia que han tenido los encargados del orden público, exponiendo sus vidas y algunos han sido remitidos a los hospitales por los golpes recibidos, obedeciendo órdenes superiores de no disparar, porque ese es el sueño de los ñangaritas para luego, como plañideras, denunciarlos ante el mundo como irrespetuosos de los derechos humanos. Todos los uniformados que se han sacrificado deben ser premiados y con las garantías de mantener sus descendientes en caso de una fatalidad.
No se debe permitir que sigan dañando la reputación de las personas, así que a la cárcel con los incitadores a la insurrección y a los que ponen en peligro la vida de gente honrada, porque cualquier desquiciado mental motivado por el adoctrinamiento y odio generado a través de los medios puede volverse un criminal. ¡Al calabozo los políticos maléficos!
Nuestra admiración y respeto para aquellos cuyas obligaciones los hace despedirse a diario de su familia ignorando si volverán a verlos.
De rodillas solo para orar a Dios.