Otra temporada de café terminó sin pena ni gloria… sin nada en el bolsillo, con pensamientos tenebrosos, con amenazas de los bancos, con vehículos en peor estado, lo peligroso, el ánimo por el suelo, de repente una lucecita de esperanza, un Dios que te dice: no te rindas, aquí estoy y el instinto de sobrevivencia nos levanta…una que otra voz se escucha en los medios de comunicación escritos, radiales, televisivos y los cafetaleros allá en las alturas, en tierra adentro esperando las voces de los líderes que griten por ellos sus desesperanzas y sus anhelos, pero sin más mentiras y falsas propuestas… la situación es de extrema necesidad, si la caficultura desapareciera se lleva de encuentro no solo las divisas del gobierno, se van con ellos el negocio de los intermediarios y las miles de familias que dependemos del bien llamado en otros tiempos oro verde.
Pongan las cartas sobre la mesa, con sinceridad y gallardía, coloquen en primer instancia la situación real del gremio cafetalero, sino lo más importante, los fondos que deberían ir a las bocas de quienes producen el café, que el poderío económico calme sus ansias de más enriquecimiento y actúe con justicia y responsabilidad social, que los verdaderos líderes pongan la agenda de trabajo, que el gobierno escuche y actúe con la bondad e inteligencia de un padre amoroso y responsable, que se nos quite el temor a las represalias de los más a los menos favorecidos, que no descubramos quiénes solo quieren apagar el fuego, ganar prestigio para ganar votos pero aun así, no quitemos el dedo de la llaga, no dejemos que otros decidan nuestro futuro incierto, todos debemos ser protagonistas, pues está en juego nuestro presente, el futuro de los que más amamos nuestra familia…nuestra patria.
Por último, que esas mesas de técnicos e intelectuales se conviertan en mesas de discusión de los verdaderos problemas de los cafetaleros en base a una realidad conocida por todos, sin cartas escondidas bajo las mesas, sin decisiones apagafuego, recuerden. Si se quiere se puede. Hagámoslo ya, para que no sea demasiado tarde.
María Manuela Martínez
El Paraíso, El Paraíso