La perversión y sus tópicos en Honduras

Por: Marcio Enrique Sierra Mejía

Es sencillo afirmar que la perversión y especialmente la sexual es un concepto inapropiado para emplearlo en estos tiempos que vive Honduras, y que ya no tiene sentido emplearlo actualmente, salvo en un sentido coloquial poco significativo. Ya he escuchado propuestas en esta dirección entre amigos, intelectuales y filósofos. Sin embargo, la perversión ahora deja de ser casi una trivialidad del pasado y tiende a reaparecer entre las ranuras de nuestra sociedad, ya sea con ese término o con cualquier otro similar.

No obstante que la perversión tiene fuertes raíces religiosas, como tantas otras cosas, en nuestra sociedad se comienza a percibir como algo menos privatizado y su connotación se ve en creencias, muchas ideas y conceptos que ganan la fuerza colectiva no percibida, antes produciéndose ahora un suave eco en las mentes de masas enteras. Precisamente en los actuales momentos en que valoramos mucho la solidaridad, la ayuda humanitaria, las relaciones sostenibles con la naturaleza y con los demás, nos conmueve y nos inquieta crecientemente la maldad, lo abyecto, los comportamientos envilecidos y corruptos. Otra cosa es lo que entendemos por esos conceptos, a qué nos referimos en cada época y momento, pero sabemos perfectamente lo que sentimos delante de sus ejemplos, cuando escuchamos casos de violaciones sexuales, de padres incestuosos que mantienen secuestradas a sus hijas durante años, de la violencia contra niños, de la violación como estrategia racial. Ocurre que no nos sorprende mucho cuando observamos que perversiones de otros tiempos eran comportamientos no admitidos; actualmente, los vemos menos perversos. Al mismo tiempo, algunas costumbres del pasado, a veces propias de la picaresca del momento, ahora son consideradas como actos pasables, “normales”. Resulta cómodo generalizar y pensar que si todo cambia todo es perverso. Sin embargo, hasta los más clásicos antropólogos culturales diferencian claramente entre el relativismo cultural y el comportamiento relativo de un individuo en una sociedad determinada. Por eso la perversión toma fuerza una y otra vez en la sociedad hondureña, estamos cayendo en una epidemia de perversión sin lamentarnos ni hacer nada por superarla. Esa es la razón del porqué la violencia tenga tan fuertes expresiones. Estamos viviendo con indiferencia la disección de nuevas perversiones, y el público en general, asimila las nuevas formas perversas que se filtran insidiosas por los medios de comunicación, las redes sociales y las modas urbanas, con maliciosa complacencia. La perversión se ha convertido en una inevitable compañera de viaje, como nunca antes habíase visto en siglos anteriores. No se escucha ni se ve el interés por el tema, los historiadores y psicoanalistas están mudos y no escriben al respecto. Nuestro lado oscuro vive y colea como ave en cielo abierto. No haya nada escrito en la literatura hondureña sobre el tema de la perversión. No obstante, que la perversión abunda. La perversión en Honduras necesita de un marco de interpretación histórico y de cambios sociales.

Sé que no resulta fácil aventurarse en un recorrido histórico en busca de la perversidad y de la perversión sexual, sin tener un concepto previo de lo que se busca. Sin embargo, es precisamente la evolución histórica uno de los métodos más utilizados para observar los cambios y las transformaciones culturales del concepto de perversión. Por ejemplo, véase el trabajo de Roudinesco (2007), el cual no comienza con una idea muy definida del término y de sus aplicaciones, simplemente hace una serie de sugerencias sobre sus principales características como, por ejemplo: Documentos Córdoba 2010 Encuentros Jurídico-Psiquiátricos 3: a) “La perversión constituye un fenómeno sexual, político, social, psíquico, transhistórico, estructural, presente en todas las sociedades humanas”. Es decir, tiene un carácter poliédrico y no se puede reducir únicamente a su componente sexual, aunque siempre sea el más comentado y sobresaliente, sino que inevitablemente se expresa también en aspectos políticos, sociales, culturales a lo largo de todas las sociedades y momentos históricos. b) La perversión “preserva la norma sin dejar de asegurar a la especia humana la permanencia de sus placeres y de sus transgresiones”. Una afirmación que constituye la visión benigna de la perversión que, por un lado, establece una función normativa para regular la convivencia y, por otro, es lo suficientemente flexible como para permitir infracciones que impulsan el cambio y la innovación. c) “Aunque los perversos resulten sublimes cuando se vuelven hacia el arte, la creación o la mística, o abyectos cuando se entregan a sus pulsiones asesinas, constituyen una parte de nosotros mismos, una parte de nuestra humanidad”. Tenemos que embarcarnos en una indagación histórica de los perversos en Honduras.