Hechos y opiniones sobre la MACCIH

Por: Jaime Martínez Guzmán
Exsecretario de Educación

Nos referimos a la Misión de Apoyo Contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras que la Organización de Estados Americanos (OEA) ha destacado en nuestro país, a solicitud del gobierno del Presidente de la República, abogado Juan Orlando Hernández, sustentando su actuación en el convenio suscrito por nuestro gobernante y el Secretario General del organismo continental, doctor Luis Almagro, el 19 de enero del 2006, iniciando sus funciones en abril del mismo año, previa aprobación del convenio por el Congreso Nacional de la República.

Tal como lo indica su propio nombre y lo expresa su convenio constitutivo, la función principal de la MACCIH es de apoyo para el fortalecimiento de las instituciones nacionales que tienen que ver con la lucha contra la corrupción y la impunidad, tal como el Ministerio Público con sus fiscales, el Poder Judicial con sus jueces, los organismos policiales, los electorales, etc. En esencia “llevar adelante con neutralidad, efectividad y rigor las tareas de fortalecimiento institucional, acompañando a la construcción de un sistema que impulse la lucha contra la corrupción y la impunidad en Honduras”.

Sin embargo, algunas personas, principalmente, de la oposición al régimen actual, desde la constitución de esa “misión de apoyo” vienen rezongando, queriendo hacer de ella, a la manera de la CICIG de Guatemala. Esta que, a diferencia, tiene los atributos de un fiscal internacional con la facultad de co-enjuiciar ante los tribunales de justicia, junto a la Fiscalía del Estado, a las personas que se considere que han cometido un delito. Algunos compatriotas se mueren de ansiedad por ver a nuestros gobernantes camino hacia la cárcel, tal como en Guatemala. Se rompen las vestiduras, presionando a la MACCIH para que actúe conforme a sus ansias y así rompa sus condiciones de neutralidad y rigor.

Es deseable que la MACCIH no ceda a presiones de intereses particulares de su exterioridad o a posibles influencias políticas de los nacionales que con ella laboran y que puedan afectar su neutralidad. Sin que las indicadas influencias políticas internas sean comprobadas, muchos de los inculpados han manifestado que solamente a ellos que son nacionalistas se les persigue, habiendo tanta tela que cortar en otras organizaciones políticas que han sido gobierno. Mi chusco amigo, Antonio Molina me dice que hay que esperar, ya que “a todo cerdo le llega su Navidad”. La Misión está comprometida con el rigor, cabalidad y rectitud en sus actuaciones, fuera de toda superficialidad.

Sin embargo, la MACCIH, integrada por personas que, aparte de su probada capacidad como expertos en las tareas específicas que tienen asignadas, también son seres emocionales que responden a los estímulos externos. Cuando inicialmente se le criticaba de inefectividad en comparación con el estilo de la CICIG de Guatemala, su primer vocero, el doctor Juan Jiménez Mayor, bastante locuaz ante los medios, se justificaba incluso, adelantando, imprudentemente, información de casos supuestamente emblemáticos. La vocero interina, doctora Ana María Calderón, denotó ansiedad por demostrar efectividad de la Misión, tocándole presentar con excesiva rigurosidad mediática el caso de la exprimera dama, doña Rosa Elena de Lobo, caso al que, peyorativamente, llamaron “La Caja Chica de la Primera Dama”. A propósito, recordamos que ella fue llevada a los tribunales encadenada de manos y pies; un protocolo adecuado para criminales con peligro de evasión. El nuevo vocero, doctor Luis Antonio Guimarães, ha manifestado que “no será un personaje mediático, que hablará solamente lo necesario, pues no se puede estar hablando a cada rato de lo que se está haciendo”.

Mucha gente es del parecer que no es lo más adecuado el afán mediático y protagónico de miembros de la MACCIH al presentar los casos investigados para su judicialización, como sustituyendo a los fiscales nacionales. A menos que ellos, todavía, no tengan la valentía y capacidad para hacerlo y quieran estar en la sombra. En todo caso, lo que más se cuestiona es el lanzamiento publicitario que se hace de los casos, incluso con nombres peyorativos y denigrantes, cuyos destinatarios, prácticamente, se les considera culpables, sin que se les haya llevado a los tribunales de justicia. El Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) ha opinado que no se está respetando la presunción de inocencia de los inculpados y que no es conveniente votarles la honra a las personas sin haberlas vencido en juicio.

Considero que esta forma de presentación de los casos por la MACCIH es a manera de reacción ante las críticas iniciales de inefectividad que ha sufrido; es como cuando un ave de corral cacarea cuando ha puesto el huevo. Así, los casos pasan a ventilarse en los medios de comunicación, pues los implicados pasan a defenderse en ellos, tal como han sido tratados. Igualmente, se conforma un clima propicio para que los jueces se vean influenciados o impulsados, en detrimento de su imparcialidad.

La MACCIH, en cuanto a sus objetivos esenciales, ha avanzado con buen suceso, siendo sus logros más sobresalientes los siguientes:
1.- Creación, con en el Poder Judicial, de la Jurisdicción Nacional Anticorrupción con un nuevo sistema de jueces de ámbito nacional, debidamente seleccionados y capacitados.

2.- Creación, capacitación y certificación con el Ministerio Público de fiscales especiales para la investigación criminal y la documentación de los delitos: Unidad Fiscal Contra la Impunidad y la Corrupción (UFECIC).

3.- Impulso, con la UFECIC, a la judicialización de casos tales como: Red de Diputados, Exprimera Dama, Shalon/Bonilla, Agua Zarca/DESA, Pandora, Planeta Verde, Pacto de Impunidad y algunos de los tantos del Seguro Social.

4.- Elaboración de la Ley de Política Limpia, con la cual se crea la Unidad de Financiamiento, Transparencia y Supervisión, dentro del Tribunal Supremo Electoral.

5.- Sugerencias técnicas para un proyecto de la carrera policial y recomendaciones para el mejoramiento del sistema penitenciario.