¡Viva la vida!

Por: Mario Hernán Ramírez

Con ese grito de alegría y satisfacción, la ilustre y siempre bien recordada maestra doña Matilde Medina de Izaguirre (Q.D.D.G.), demostró su gratitud y alegría hace aproximadamente tres años, cuando recibió un merecido reconocimiento, en unión de 36 personalidades más de nuestro medio, auspiciado por la Asociación Nacional de Jubilados y Pensionados de la UNAH (AJPUNAH), que de esa manera premiaron la sostenida actividad de estos 37 hondureños que tanto lustre le han dado a la patria a través de las diversas labores que han desarrollado en los campos del saber, la cultura, la ciencia, el arte y la honestidad comprobada de cada uno de los agraciados.

Además de la honorable mentora Medina de Izaguirre, recordamos en esa memorable noche a Sor María Rosa, la que confesó con enorme satisfacción en esa oportunidad, que más de 87 mil criaturas habían sido rehabilitadas a través del programa que desde hace alrededor de cuatro décadas sostiene esta religiosa irrepetible.

También fueron galardonados otros personajes como el abogado Miguel R. Ortega, doctor Enrique Aguilar Paz-Cerrato, ingeniero Luis Armando Moncada Gross, doctor Dagoberto Espinoza Murra, los comunicadores Nahúm Valladares y V., Napoleón Mairena Tercero, quien suscribe y otros destacados elementos de la sociedad hondureña.

Pero, volviendo a doña Matilde, mujer sumamente bella, hermosa y sobria en su conducta y en su forma de vestir, la recordamos allá por 1949, cuando en el recordado Instituto Honduras, que por entonces rectoraba el abogado Héctor Pineda Ugarte con la asistencia de su colega Gustavo Adolfo Alvarado integraban un equipo de catedráticos irrepetibles, en colegio alguno de nuestro país, pues además de ellos figuraban en el círculo docente Modesto Rodas Alvarado, Óscar A. Flores Midence, Juan Miguel Mejía, Francisco Villars, Edmundo Sánchez, Federico Fortín, Ramón Maradiaga Valdivia y las maestras Maruca Pacheco de Díaz Gómez, Jesús Celina Durón, la secretaria perpetua Toyita y doña Minga Durón de Mora.

La profesora Matilde de Izaguirre, impartió como la mejor la clase de castellano o español como se le conoció en su momento, la que a pesar de su juventud en aquellos lejanos días, lo hizo con una sapiencia extraordinaria, de tal forma, que por muy distraído que fuese el educando, ella mantenía la atención fija a sus enseñanzas, no solo por la dulzura de su voz y su simpatía innata, sino por la originalidad con que enseñaba tan difícil materia, de tal forma que quienes tuvimos la oportunidad y el honor de ser sus alumnos, hoy día, recordamos con nostalgia a una maestra tan querida y respetada como fue ella.

A mi mente vienen los nombres de algunos compañeros de aula en ese célebre colegio de educación media como: René Pineda Mejía, Manuel Mora Durón, Hernán Rodríguez Najarro, los hermanos Héctor y Marco Tulio Quiroz, Luis Alberto Tenorio, Marco Vinicio Ordóñez, Juan Ramón Ortega, Francisco Alfredo Santos, Virgilio Estrada, Aníbal Vallejo Larios, Óscar Sosa, Alberto Alvarado y otros profesionales de las ciencias mercantiles que mucho han honrado su profesión y que antes de su graduación ya tenían trabajo seguro en los bancos y demás instituciones comerciales e industriales del país, dado el prestigio de que gozaba el Instituto Honduras, hoy HPU.

Otro personaje entre los muchos que enriquecieron con su presencia intelectual la membresía educacional del Honduras fue, su subdirector licenciado Gustavo Adolfo Alvarado, ciudadano de ilustre prosapia, la cual revelaba o destacaba en su impecable forma de vestir y de tratar a sus semejantes. Además era un apasionado del deporte, un profesional de la fotografía y un declamador exquisito. Existe un colegio con su nombre en honor a su consagración como ciudadano útil que fue a la patria; era originario de Amapala, Valle.

Pues bien, a doña Matilde de Izaguirre la conocimos residiendo en la 4ta. Avenida de Comayagüela, junto a su honorable esposo don Carlos Izaguirre h., primogénito de aquel otro gran ciudadano, distinguido mecenas que falleció en la ciudad de Washington, D.C., cuando se desempeñaba con el alto cargo de embajador y ministro plenipotenciario de Honduras ante el pueblo y gobierno de aquella gran nación: profesor Carlos Izaguirre.

Doña Matilde, siempre tuvo pasión por el yoga y eso la llevó a incursionar a través de la lectura de la cual fue una fanática de los grandes escritores universales, por lo que este hábito la encumbró por los más altos niveles de la enseñanza media, consagrando sus últimos años a la cátedra permanente en el prestigiado centro educativo Escuela Americana, cuyo personal docente y alumnado deploran su partida sin retorno, uniéndose sin duda alguna al profundo vacío que esta hondureña cinco estrellas deja en el ambiente familiar.

Hoy si podemos decir con certeza que Honduras pesa menos, porque esta gran señora fue una predestinada. Descanse en paz.