Por: Miguel Osmundo Mejía Erazo
*Profesor y periodista
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En la sociedad hondureña se comenta a diario sobre la actual crisis económica que estamos viviendo, situación que no solamente la sentimos nosotros, en casi todos los países del mundo las cosas no andan muy bien, en Europa el costo de vida ha aumentado en un cien por ciento, pero en estos países desarrollados hay más fuentes de trabajo, otros explotan y viven del turismo, los salarios son mejores y por supuesto la moneda es casi treinta veces superior a la nuestra, ganar dinero allá y venir aquí es una gran ventaja, pero si vamos de visita notamos la enorme diferencia, pero aún los residentes sienten el alza al costo de vida. También los millonarios sienten que sus grandes empresas no obtienen los ganancias de antes, aunque para ellos no es motivo de preocupación porque tienen asegurada su lujosa vida y la de los suyos a costa del trabajo de los pobres que viven para trabajar y trabajan para vivir.
A pesar de lo difícil que está la vida continuamos consumiendo artículos suntuarios que poco o ningún beneficio nos deja, por ejemplo, el alcohol y el cigarrillo que aparte de perjudicar nuestros bolsillos afectan nuestra salud física y mental. El alcohol representa para el Estado una de las principales fuentes de ingreso en concepto de impuestos y por más que se le suba el precio el consumo no disminuye al contrario aumenta cada día. Hay dos épocas del año que se consume más alcohol y vaya ironía, ambas están relacionadas con nuestro Señor Jesucristo, en diciembre que se conmemora el nacimiento y la Semana Santa la muerte, pero la gente aún llamada cristiana, no recuerdan al cumpleañero que también murió por nosotros y el único que resucitó. A estas alturas mucha gente se está preparando para salir en la Semana Mayor, no importa si no hay dinero, algunos están pensando qué van empeñar, pero ese viaje a beber a las playas no se lo pueden perder, el que tiene recursos está bien, es la época de feriado y se debe aprovechar para visitar sus parientes o amistades dentro y fuera del país, pero no ser parte de los que consumen los 50 millones de cervezas según fuentes de credibilidad, aparte de los millones de litros de aguardiente y diversidad de licores en grandes cantidades, convirtiendo una época de reflexión espiritual en una francachela que a veces termina en algo fatal.
Si hacemos un recorrido por la capital los fines de semana en horas de la tarde y noche, encontraremos llenos los restaurantes o cantinas disfrazadas, como las gasolineras y pulperías a pesar de que la gente se queja que no alcanza el dinero, pero el presupuesto para “compartir” con los amigos nunca falta, muchos no llevan alimento a su casa porque ya son enfermos alcohólicos y para ellos lo primero es primero, “beber y beber”, el sostenimiento de su familia es secundario. Mientras muchas personas que no ingerimos bebidas alcohólicas nos sorprendemos de lo caro que está todo, ya los sueldos no alcanzan, las jubilaciones y pensiones peor, la canasta familiar ha subido en más del 100% en los últimos años, aún sin malgastar el dinero nos vemos en problemas, pero los cigarrillos y las bebidas embriagantes se siguen vendiendo, este dinero que debería servir para compartir sanamente con los seres que más queremos, nuestra familia.
No es posible prohibir que las personas beban cerveza o alcohol, esto representaría la quiebra de muchos negocios, pero no se necesita tener mucha inteligencia para reconocer las ventajas que trae consigo el hecho de no consumir bebidas embriagantes y otros artículos superfluos, hay muchas cosas buenas que podemos hacer en nuestro tiempo libre y si usted considera que le es difícil dominar la bebida, busque ayuda médica, porque según la Organización Mundial de la Salud el alcoholismo es una enfermedad que no tiene curación, pero puede abstenerse de beber con la ayuda de Dios y hay una organización mundial que ha ayudado a millones de personas, se llama Alcohólicos Anónimos, si tiene problemas busque cualquiera de estas opciones y le aseguro jamás se arrepentirá.