***Siento a Honduras muy amarrada. La gente tiene que dejar de victimizarse.
Varios sospechosos de un delito, del horror más abyecto. El detective Frank Decker está concentrado en una investigación obsesiva, mientras los medios de comunicación tejen teorías sobre el caso con desoladora crudeza. Un universo de seres atrapados en las arenas movedizas de la violencia, la soledad, la enajenación y el vacío. Una aventura tenaz, que acompañará al lector a descubrir la verdad acerca de Deborah Echeverría, la hija de un millonario. Así va la trama de la novela Casino, una saga detectivesca del escritor chileno Patricio Milad, radicado en La Ceiba desde hace una década. Aquí nos cuenta qué lo trajo a Honduras, sus anécdotas cuando la pasaba “chancho” (divertido) en Viña del Mar y los años duros de la dictadura de Pinochet.
¿Dónde pasó su niñez?
En Santiago de Chile
¿Buenos recuerdos?
Algunas cosas bellas, pero no muchas. Rescato el amor de mi madre, mi perro, mi bicicleta, los deportes, el haber aprendido un poco de inglés, algunas chicas… pero no mucho más que eso. Familia disfuncional, gobierno de la UP (Unidad Popular) y luego la Dictadura Militar.
¿Fue a los carnavales de Viña del Mar?
Algunas veces, me encantan las playas pero el océano Pacífico no tiene nada de pacífico porque es frío. Pero cuando iba al festival ¡la pasé chancho!, como dicen los chilenos, es decir, me divertí mucho.
¿Algún recuerdo de Viña?
Alguna que otra conquista. Recuerdo que competíamos con los argentinos, ¡pero nos ganaban!; eran más desinhibidos y guapos. Eso despertaba furia en los chilenos, pero no era mi caso; me resignaba…
¿Conoce a más chilenos en Honduras?
A Igor Garáfulic, somos de la misma generación. Fuimos compañeros en la escuela, en el Instituto Nacional. Él era del área de matemáticas y yo era de la humanista. Teníamos buenas relaciones; un líder nato. Me alegro por Igor.
¿Escuela pública?
Sí. En el Instituto Nacional es el colegio (escuela pública) más importante de Chile. De allí han egresado varios presidentes de la República, como Salvador Allende y Ricardo Lagos. Es uno de los más exigentes.
¿Fueron a la misma universidad?
Igor estudió en la Universidad de Chile, ingeniería comercial. Yo también estuve allí, pero solo un semestre. Después, estudié Publicidad en la Universidad del Pacífico.
Salvador Nasralla dice que estudió en Chile ¿lo conoció por casualidad?
No. Salvador estudió en la Pontificia Universidad Católica de Chile (UPC)
¿Cuándo y bajo qué circunstancias llega a Honduras?
Estando en un bar, en una de esas ocasiones, por el azar (que nunca es tal), conocí casualmente a una mujer que me pareció exótica, encantadora e inteligente. Sin más preámbulos, le hablé allí mismo. Desde ese instante, no nos hemos separado. Han pasado doce años desde entonces. Ella es mi actual mujer, una espectacular hondureña.
¿Cómo fue recibido en Honduras?
En general, muy bien, pero como vine directo desde Santiago de Chile a La Ceiba de Honduras, el impacto cultural fue muy grande. Costumbres, ritmos, lenguaje, valores… muchas cosas me eran ajenas. Tuve que adaptarme. El tema de las armas, el narcotráfico y la criminalidad me impactaron mucho.
¿Cómo se ha sentido?
Ahora, mucho mejor. Me costaron los dos primeros años. Yo tenía independencia allá en Chile, pero al llegar aquí la perdí. Eso es complicado para un adulto que valora la libertad. Quizás, si hubiera llegado a San Pedro Sula o Tegucigalpa, “otro gallo hubiera cantado”.
¿Honduras es como se lo habían “pintado”?
Había leído sobre Honduras, pero vivir aquí es otra experiencia. Por ejemplo, pensaba que era un país completamente caribeño, con aguas cristalinas y tiburones por todos lados. Después, me di cuenta que muchos “tiburones” usaban saco y corbata, y otros AK-47.
¿Qué le gusta del hondureño?
Bueno, el hondureño es amable y servicial, bueno de corazón; claro que hay excepciones, como en todos lados. Pero siento a Honduras muy amarrada por las condiciones socioeconómicas y delictuales, empantanada en la corrupción y muy preocupada de la política.
¿Algún potencial que destaque?
Honduras es un país lleno de riquezas artísticas y naturales. Recursos sobran, pero falta mucha educación y que la gente se empodere, se atreva y deje de victimizarse. Honduras tiene el potencial para convertirse en la Nueva Zelandia de Centroamérica, si quisiera.
¿Qué futuro le depara a Honduras?
Honduras podrá surgir y destacar en la medida que crea e invierta en educación, emprendimiento y libros.
¿Alguna similitud con Chile?
Las similitudes pasan por ser latinoamericanos y hablar el mismo idioma. Somos mestizos y eso nos marca. Nos gustan los afectos, las comidas, la música, pasarlo bien. Sin embargo, quizás por un tema geográfico, el chileno es más sobrio que el hondureño, más conservador, más emprendedor, más exigente y perfeccionista.
¿Militó en política en Chile?
Para nada, nunca. Solo quería que se fuera el vil dictador, asesino y tirano de Pinochet. Ese cabrón castró dos generaciones enteras.
¿Algún familiar entre las víctimas de la dictadura?
Y qué más sus perversos crímenes en contra de sus propios compatriotas, los estragos que causó en el arte, la alegría, la paz, la libertad, etc. Durante la dictadura hubo un apagón cultural en Chile.
¿Algún recuerdo de la dictadura?
Yo era pequeño cuando ocurrió el golpe militar, pero recuerdo los disturbios sociales, las filas, las bombas lagrimógenas, las protestas, los carabineros (policías) y militares abusando del poder y las armas. ¡Un caos! ¡La política, unida al poder y al dinero, es una puta muy malvada!
¿Seguidor de Allende?
Nunca lo fui. No comulgo con el comunismo ni la extrema derecha. Soy demócrata, liberal y apolítico. Me encanta votar. Cada vez que puedo, lo hago.
¿Ha regresado a Chile?
Después de una década, lo primero que hice, curiosamente, después de dormir un rato y darme una ducha (el viaje es larguísimo), fue ir a votar para la segunda vuelta presidencial. Me gustan las libertades individuales y el libre mercado, y sobre todo, que los corruptos políticos no se metan en nuestras vidas, ni intenten regularlas; ya es suficiente que perciban un dineral, injustificadamente creo yo.
Muchos dicen que la dictadura ayudó al desarrollo de Chile ¿Está de acuerdo?
La dictadura militar de Pinochet fue un oscuro pasaje de la historia chilena; algo similar a lo ocurrido en Argentina. Fue una dictadura virulenta, terrorífica, violenta y asesina. Hubo terrorismo de Estado, constantes violaciones a los derechos humanos, desapariciones, torturas, exilios… crímenes de lesa humanidad.
¿A qué equipo de fútbol le va?
A ninguno; nunca me ha interesado ese deporte. Solo me gustan las artes marciales.
¿Cómo es el Chile de ahora?
Me pareció mucho más avanzado; el Metro es espectacular, autos de lujo, carreteras rápidas concesionadas, gente en bicicleta, vida cultural, cafés, restaurantes, eventos, galerías de arte, actividad artística, emprendimiento, cine, paz y tranquilidad. Pero también observé tensión, estrés, arrogancia, consumismo. Los males de los países en desarrollo. Chile es como un adolescente: No es pobre (niño), pero tampoco es rico (adulto).
Se habla mucho del modelo económico chileno ¿Lo recomendaría?
No hay que engañarse con el modelo chileno; tiene fortalezas y debilidades. El modelo neoliberal te hace pagar un alto precio (desigualdades socioeconómicas aberrantes, depresión, discriminación social, alcoholismo, drogadicción, suicidios, destrucción del hábitat natural, etc.). Pero también, permite millonarios, grandes placeres, enteras libertades económicas, acceso a bienes y servicios, impuestos justos, transparencia.
¿Conoció a Isabel Allende?
He leído algunos libros, pero no me apasiona. Prefiero a Roberto Bolaño, Gonzalo Contreras o Ramón Díaz Eterovic, todos escritores chilenos.
Pablo Neruda le escribió un poema a Morazán ¿Qué sabe de ello?
No lo he leído. Lo mismo puedo decir de Neruda; fue un eximio poeta, pero no comulgo con sus ideas políticas y tampoco me gusta la poesía.
¿De qué ha trabajado en Honduras?
He trabajado en muchos dominios; básicamente, en emprendimientos, mercadotecnia, publicidad, negocios y ventas, con énfasis en proyectos, consultorías, capacitaciones y charlas. Hace años que soy docente universitario; además, estudio Psicología.
¿Vive de sus novelas?
No. En Latinoamérica, en general, es muy difícil vivir de la literatura; yo no vivo de mis novelas, aunque siempre se han vendido bien. Actualmente, mis cuatro novelas (DESTINO, ONIRIS, CASINO y FUEGO), están en Amazon. QUIMERA, mi última novela, aún inédita, todavía no está cargada en Amazon.
¿De qué tratan sus novelas?
Ficción, novela policial, negra, noir o criminal. ¿Por qué la ficción? La ficción te permite contar historias increíbles, aunque sean inverosímiles; te da licencias sin límites, ni restricciones. Escribes sin ofensas ni tapujos, porque todo lo narrado es irreal, producto de la imaginación del autor.
¿Hay ambiente para escribir en Honduras?
El ambiente para escribir se lo crea uno; ya sea en un aeropuerto, arriba de un avión, en un café, en tu estudio, en Vancouver, en Santiago, en Nueva York, en Tegucigalpa, en La Ceiba… donde sea que uno se sienta y se siente cómodo.
¿Qué les aconseja a los escritores que recién empiezan?
Les recomendaría dos básicos consejos: primero, leer mucho; y segundo, escribir mucho.
¿Por qué se radicó en La Ceiba?
Obviamente, me radiqué en La Ceiba por la actividad profesional de mi esposa y por su bella familia.
¿Supongo que ya aprendió a bailar punta?
No, soy malo para bailar. Soy mejor conversando.