Miseria humana y apostolado

 

Por: José María Leiva Leiva

Los datos, los relatos, las fotos, documentales, películas y todo cuanto sabemos de la República Democrática del Congo (el antiguo Zaire), son terriblemente espeluznantes. La basta literatura que existe sobre el tema nos habla de un conflicto conocido también como “Guerra Mundial Africana”, “Gran Guerra de África” o la “Guerra del Coltán, que se inició en 1998 y terminó formalmente en 2003, con la firma de los Acuerdos de Pretoria. Ello provocó la muerte de aproximadamente 3,8 millones de personas, la mayoría de ellas por hambre y enfermedades prevenibles y curables, además de millones de desplazados y refugiados en los países vecinos. Y los combatientes -además de existir dentro del país, al menos veinte facciones armadas distintas-, provenían de nueve naciones, lo que agravó el conflicto.

Esta ambición y miseria humana tiene un nombre: Coltán (abreviatura de dos minerales componentes de recurso: columbita y tantalita), que despertó la codicia de los países vecinos y de las facciones armadas internas que se dieron a la sangrienta tarea de intentar tomar el control sobre su explotación. “Presente en los más cotidianos o sofisticados artefactos tecnológicos de hoy, como teléfonos móviles, GPS, satélites artificiales, armas teledirigidas, televisores de plasma, videoconsolas, computadores portátiles, MP3, MP4, cohetes espaciales, misiles, juguetes electrónicos y cámaras fotográficas, el Coltán u “oro gris”, se ha convertido en un recurso imprescindible para el desarrollo del mundo moderno, pero con graves consecuencias de tipo ambiental y social”.

Aunque las rivalidades étnicas en el Congo se remontan a tiempos ancestrales, las tensiones aumentaron a partir de 1994, tras la llegada de más de un millón y medio de refugiados hutus que escapaban de la guerra civil y el genocidio en Ruanda. Muchos eran los grupos enfrentados en la zona: los grupos rebeldes Agrupación Congoleña por la Democracia (ACD) y Movimiento de Liberación del Congo (MLC), apoyados por Ruanda y Uganda; guerrilleros hutus rivales de Ruanda y Burundi, rebeldes ugandeses, milicianos congoleños leales a Kinshasa”.

Estos países establecieron alianzas comerciales de carácter estratégico y militar con las principales economías de occidente para traficar y procesar aquellos minerales. Las organizaciones de derechos humanos insisten en que EEUU, Alemania, Bélgica y Kazajstán —principales destinatarios, pero no los únicos, del Coltán— y las multinacionales que comercian con éste, llegaron a financiar el conflicto”. En lo que al cine se refiere, una producción española “El cuaderno de Sara”, de Norberto López Amado (“La decisión de Julia”, “El tiempo entre costuras”), y el documental de Netflix “City Of Joy”, retratan esa impactante tragedia. “El cuaderno de Sara”, narra el viaje de Laura (Belén Rueda) que busca a su hermana Sara (Marian Álvarez), una cooperante desaparecida en África, en medio de la selva del Congo.

Ni la ONG para la que trabaja, ni la embajada tienen noticias de su paradero, hasta que aparece como única pista una foto de Sara en un poblado minero. Para encontrarla, Laura decide emprender un peligroso viaje al corazón de África, un territorio dominado por los señores de la guerra y los ejércitos de los niños soldados. Siguiendo su cuaderno, el diario de su vida antes de llegar a África, esta valiente mujer se adentrará en una aventura que la llevará hasta todo un infierno de intereses ocultos, enfrentándose a la verdad sobre las actividades de las potencias mundiales en el Tercer Mundo”. http://www.sensacine.com

De acuerdo con la crítica especializada, “el espíritu de denuncia de la película es claro, sobre todo respecto a la permisividad de las instituciones extranjeras, distanciadas —o sobrepasadas— por el estado de una región incontrolable, en la que resisten, como francotiradores, los idealistas solitarios de las ONG y las misiones, jugándose día a día el pellejo. Y si los niños del Primer Mundo se enfrentan a la problemática de ir al colegio con o sin móvil, en el Congo las guerrillas reclutan a los niños soldados de los poblados que arrasan a base de plomo, mientras en Occidente se bosteza”. Marta Medina. https://www.elconfidencial.com

Por su parte «City of Joy«, muestra la lucha del ginecólogo obstetra Denis Mukwege, Premio Nobel de la Paz 2018 contra la violencia de género. La producción da a conocer a «Ciudad de la Alegría«, una institución co-fundada por Mukwege, Christine Schuler-Deschryver y Eve Ensler, que busca ayudar y empoderar a las mujeres que son abusadas sexualmente, como arma de guerra en la República Democrática del Congo. Previo, el doctor Mukwege era director de un Hospital en Lemera, área rural de la república Democrática del Congo (RDA), cuando en 1996 el recinto fue atacado por grupos guerrilleros provenientes de Ruanda. El obstetra quedó devastado por la violencia, pero decidió que tenía que hacer algo y emprendió el camino a la ciudad de Bukavu, donde formó el Hospital de Panzi.

«La primera persona que atendimos en este hospital fue víctima de violencia sexual. Había sido violada por varias personas, y luego de violarla le dispararon», afirma el ginecólogo. La violencia sexual se había convertido en un arma de guerra de las milicias y desde entonces le llegaron cada vez más mujeres, no solo abusadas, sino que mutiladas en sus zonas íntimas por los mismos hombres armados. Esta tragedia le llevó a fundar en 2011 un centro de acogida para las personas víctimas de violencia de género, al que llamaron «City of Joy»(Ciudad de la Alegría), a donde llegan madres, incluso con hijos producto de las violaciones reiteradas.

https://youtu.be/voxbMZEl3q8

El centro acoge a estas mujeres solo por 6 meses, porque luego ellas deben salir al mundo y ser líderes que impulsen el cambio, para que otras personas no sufran lo mismo que ellas. Les enseñan sus derechos, a hablar inglés, técnicas de defensa personal; les hacen terapias grupales, clases de agricultura y de otros oficios, para que puedan valerse por sí mismas. Hasta la fecha del lanzamiento del documental (septiembre 2018), en el centro se han graduado 1.117 mujeres”.