ES oportuna la campaña de comunicación “ALTO A LOS INCENDIOS FORESTALES”, solicitando a la ciudadanía convertirse en protectores del bosque, denunciando al 911 cualquier acto sospechoso o alguna información que delate a los pirómanos. Sobre el tema. Ayer se celebró el Día Mundial del Agua, vaya ironía, para los vecinos de este pintoresco paisaje en tinieblas. Entre la densa bruma que deja el humo y la ceniza de bosques quemados por “fosforitos alegres” y los groseros racionamientos de agua. La sequía es pronunciada. Ni cercanamente se cuenta con suficiente almacenamiento del vital líquido que aguante la explosiva demanda de una ciudad que creció anárquica y sigue creciendo sin que jamás haya habido diseño o plan municipal para ordenar su desarrollo. Hace muchos años atrás, este era pueblo acogedor, de clima fresco y ambiente agradable.
Pero no hubo empeño en las distintas administraciones edilicias por mantener la disfrutable convivencia de esa manera. Dejaron de hacer parques de frondosa vegetación. La losa gris fue invadiendo los jardines. Escasas las áreas públicas sembradas con arriates de flores o de árboles que en la mediana no se enreden con cables y alambres de los postes del tendido eléctrico. ¿Cuáles áreas verdes exigieron en las zonas residenciales, en los centros comerciales, en los sectores industriales, cuando extendían a la garduña permisos de construcción? ¿Qué providencia tomaron para que la ciudad no se desparramara al compás de semejante improvisación?Desaparecieron los pulmones verdes, fuentes del aire puro, necesarios para atemperar la temperatura del soleado ambiente que hoy se padece. ¿Cuando extendían todos esos permisos de construcciones y edificaciones que se regaron sin ninguna planificación, no se les ocurriría que tirando cemento sobre zacate, lápidas cortando árboles, sin las suficientes fuentes de agua, esto tarde o temprano sería un infierno? La indolencia burocrática de años nunca se ocupó de poner urgente interés en lo que ahora estalla como grave problema. El servicio de agua potable fue trasladado al gobierno municipal. Pero los capitalinos continúan bebiendo vasos llenos de ilusiones y bañándose con cubetas repletas de dudosas promesas. Que por gruesa cañería van a traer agua que les sobra allá en el sur. Pero los sureños se oponen, no quieren que les quiten el aprovechamiento de sus recursos hídricos. Así que a buscar en otra parte. Que ya tienen prevista la construcción de otra represa aprovechando la cuenca del río de Ojojona.
A saber cuántos habitantes más tendrá la capital o cuál será entonces la demanda, cuando esa agua de Jiniguare se agregue a los raquíticos niveles a que bajan las represas. No solo durante la época que no llueve. Ya que el racionamiento es crudo casi todo el año. Este desabastecimiento salvaje de agua en la capital es cosa vieja. Pese al desmedido crecimiento poblacional, no ha habido otra fuente de abastecimiento –aparte de las mismas colapsadas represas que se construyeron hace décadas y del bebedero de El Picacho– que sirva para satisfacer el bestial consumo de la sedienta ciudad. Los vecinos se alegran de toda la infraestructura tendida por la popular alcaldía para desatorar la hacinada capital. ¿Y lo verde? ¿Y el agua?