El pacto de Agua Azul

(Segunda parte)

Por: Ernesto Paz Aguilar

Una fría mañana de diciembre del 57 el Congreso Nacional eligió a Oswaldo López Arellano como jefe de las FF AA. En esa ocasión, Abraham Williams Calderon, diputado por el departamento de Choluteca expresó: “Darle la autonomia al Ejército equivale darle la muerte a los dos partidos (Nacional y Liberal)”. Sus palabras todavia resuenan en la lontananza.

En muchos aspectos la Constitución de 1957 es la más avanzada del siglo anterior y al mismo tiempo marca el inicio de un proceso acelerado de intervencionismo de los militares en la vida politica. El origen se encuentra en varios articulos de la Constitución de la epoca.

Dice la Constitución: Las Fuerzas Armadas son una institución nacional de carácter permanente, esencialmente profesional, apolítica (en el sentido partidista) obediente y no deliberante. Su misión fundamental es defender la integridad territorial y la soberanía de la República, mantener la paz (interna) y el orden público (interno). Hasta aquí vamos bien y es lo que corresponde al instituto armado en una sociedad democrática.

Continuemos, la asignación de funciones politicas a las FF AA por parte de los politicos fue un error y es el origen del militarismo en Honduras. Las funciones son: garantizar la vigencia de la Constitución, (guardianes de la Constitución); velar por limpieza de los procesos electorales y la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República (es decir que el presidente no se perpetue en el poder vía relección o continuismo).

Cadena de mando. Las Fuerzas Armadas están bajo el mando directo del jefe de las FF AA y no del presidente de la República y las órdenes que imparta se harán por intermedio del jefe de las mismas. Cuando surja alguna diferencia, entre el presidente y el jefe de las FF AA, el Congreso decidirá por mayoría de votos.

Nombramiento y duración en el cargo. El jefe de las FF AA es designado por el Congreso Nacional de una terna propuesta por el Consejo Superior de la Defensa Nacional. Durará en el cargo seis años (igual que el presidente), y solo podrá ser removido por este cuando hubiere sido declarado con lugar a formación de causa (juicio político) por 2/3 de votos de sus miembros.

De esta manera, quedó establecido el tutelaje de las FF AA sobre las instituciones politicas. La tutela es una figura del derecho civil y por analogía se aplica al campo político. La tutela no es otra cosa que la autoridad que ejerce una persona mayor para cuidar a un menor de edad y sus bienes, porque este no tiene la capacidad de hacerlo por sí mismo. Honduras dejó de ser una dictadura pero se convirtió en una democracia tutelada por los militares.
En 915, Paulino Valladares escribió: “Si se castigara con pena de presidio mayor a los políticos que atentan contra el sentido común todos estarían en la cárcel”. Sus palabras se confrmaron cuando en 1957 “la falta de visión o de entendimiento mutuo es lo que aseguró el fortalecimiento del poder militar concentrado en la persona de Lopez Arellano”.

Desde 957 comenzó en Honduras una dualidad de mando: los militares por un lado y el poder civil por otro, dualidad que cesó el 3/10/63, cuando el coronel Lopez Arellano, encabezó un sangriento golpe de estado contra Villeda Morales, situación que adquirio carácter legal el 6/06/65 cuando OLA se convirtio en presidente constitucional para el periodo 65-71 con el concurso del Partido Nacional. ¿Qué pasó después? Los militares estructuraron una alianza en conchupancia con el Partido Nacional que se prolongó hasta 1982 cuando el país retorno al orden constitucional.

Con pequeñas variantes introducidas en la Constitución de 1982 el tutelaje sobre las instituciones democraticas continuó hasta las administraciones liberales de Reina Idiáquez y Flores Facussé, periodo en que comenzó el proceso de subordinación de los militares al poder civil. Sin embargo, el problema de las funciones politicas de las FF AA siguieron sin resolver.

Ramon Oquelí escribió en el 2004: “De este enfermo crónico que es Honduras, se puede decir que la mayor parte de su existencia ha sido de crisis, sobreviviendo inexplicablemente a todas… Desde 1956, hasta la fecha, siete golpes de Estado contra gobernantes o jefes castrenses (golpes de barracas) son índice del escalonamiento de la crisis y cuya solución momentánea solamente ha producido el fortalecimiento del Ejército, mientras el país sigue debilitándose, convertido en enclave militar con grave riesgo de la total militarización de la sociedad” (Honduras, crisis crónica. Anales Historicos. LA TRIBUNA de 14-21-28/11/2004).

El golpe de estado del 2009 puso de relieve, de manera dramática, la incapacidad de las élites políticas, empresariales y militares de resolver las contradicciones y conflictos de la debil democracia hondureña.

El general Romeo Vásquez Velásquez, ex jefe del Estado Mayor Conjunto, en su obra “Ambiciones peligrosas. Las tentaciones del poder” (Editorial San Sebastian, 2015, p 325), ha propuesto que el Congreso Nacional libere a las FF AA de las funciones políticas que le asigna la Constitución. Dice el ex jefe militar: “Siendo la presidencia un puesto politico… y siendo las FF AA apoliticas, los legisladores deberían desligar a la institución de las responsabilidades politicas que le impone la ley”. A nuestro criterio, una probable solución sería la creación del Tribunal de Garantias Constitucionales y la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, originaria e incluyente, para resolver, de manera radical, los retos y desafios planteados.

¿Todo bien, todo azul? El pacto de Agua Azul no fue la panacea para curar nuestros males. Sirvió para satisfacer las ambiciones de poder de un puñado de coroneles y las legítimas aspiraciones políticas del Partido Liberal, en la llanura desde 1932. También sirvió para consolidar el régimen concesionario de las compañías bananeras.